Quemar el ordenador

Manolete
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Si en Primera son malos, lo de Segunda no tiene nombre. Jesús Gil se ha quedado corto respecto al lamentable arbitraje de Tristante Oliva en Los Pajaritos. No es extraño que lleve seis años en Segunda y lo que le queda. Aparte de los errores puntuales como el penalti de Octavio a Stankovic o los agarrones en el área rojiblanca, lo peor de todo fue su falta de criterio a la hora de dirigir el partido. Intentó aplicar la ley de la ventaja y el beneficiado fue Vacas, que repartió toda la estopa toda que quiso y se fue al descanso sin una amarilla.

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En la Federación deben estar preocupados. Los clubes presumen de cantera, como Torres, Pavón, Iniesta y otros. En cambio, los que vienen por abajo en el mundo del arbitraje son mucho peores que los de arriba. No sería extraño que tuviera que volver Ramos Marcos para impartir alguna clase. Lo del ordenador huele mal. El primer paso sería quemarlo y que hubiera un presidente del Comité con independencia para señalar a dedo cada jornada a los mejores.

El Atlético, sin reconocerlo, es el escaparate para los colegiados que quieren subir rápidamente. Cuando llegan al Calderón vienen crecidos y acosan al poderoso protegiendo al débil. Un sentido de la justicia lamentable. Las escuelas de arbitraje son necesarias y el soplo de aire fresco en Segunda es vital, así que ni una más señor Sánchez Arminio.

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