Viaje a un país en guerra
Cualquier viajero a los Estados Unidos de América debe prepararse para lo que le espera en un país que vive oficialmente en Defcon 1, o estado de alerta máxima, mientras sus tropas dan caza a Osama Bin Laden en las estribaciones del Hindu Kush, en Afganistán.

Técnicamente, la situación se llama Defcon 1, Alerta Máxima en la jerga militar estadounidense. Y no hay mejor definición de Defcon 1 que la que proporciona el centro de Memphis, Tennessee, al mediodía del domingo 7 de octubre: la calle, en la luz de primeros del otoño, es un desierto de almas, un Ground Zero en el que no pasa una sola persona. Paisaje lunar interrumpido por algún coche o moto despistados... siempre con la bandera de EE UU en ristre.
"Debe usted saber, joven, que desde hace una hora nos encontramos oficialmente en guerra", dice al viajero el taxista Andrew Jones, alguien que pudo haber estado en cualquier marcha de Martin Luther King o del Profundo Sur. A esas horas, cazabombarderos de los portaaviones USS Carl Vinson y USS Enterprise destripan Afganistán y el rastro de Osama Bin Laden. Mientras, Pau Gasol y Michael Jordan velan armas en vísperas de sus primeros encuentros de la pretemporada en la NBA.
Para superar las aduanas de Memphis, Miami, Atlanta, Nueva York o cualquier puerta de acceso a los Estados Unidos de América, se requieren, a estas alturas, nervios de acero. Es, realmente, lo único metálico que se puede llevar en el cuerpo cuando se aborda un avión rumbo a EE UU, o dentro de su territorio. En los detectores de metales, activados al máximo, pitan los relojes de pulsera, los collares... y los elementos metálicos de los pantalones vaqueros: botones, remaches. "Desabróchese un poco, y demuestre con la mano que no tiene nada bajo el pantalón", demanda al pasajero el inspector que controla uno de los pasos, pateador electrónico en mano. Los ordenadores portátiles y los teléfonos celulares pasan controles por separado: hay que abrir y mostrar su funcionamiento a los guardias de seguridad: "Security"...
Porque security es la palabra. Security all around, seguridad por todas partes. Seguridad que demuestra inseguridad. "Hemos sido durante mucho tiempo unos privilegiados por nuestra democracia, que nos ha permitido viajar y hacer muchas cosas sin necesitar identificación. Eso se ha terminado.
Y lo malo es que nuestros peores enemigos, como Hitler, los japoneses en el año 1941 o Osama Bin Laden ahora, piensan que esa democracia, nuestra gran fortaleza, es nuestra mayor debilidad", reflexiona en Vanity Fair el escritor David Halberstam, amigo personal de Robert Fitzerald Kennedy y veterano de la guerra de Vietnam.
La gran hermana Security aparece a las cinco de la mañana en las tremebundas colas, en cualquier aeropuerto del país: se trata de exhibir pasaporte u otra identificación con foto cada vez que el viajero ha de chequear equipaje o pasar ante cualquier control o escaner... bajo la mirada de soldados uniformados de la Guardia Nacional o de los grupos de US Marshals, la policía federal que escudriña hasta los últimos rincones de las terminales.
No se puede ir al servicio. Se aconseja presentarse a los embarques con dos horas de antelación. En los vuelos que salen o llegan al aeropuerto Washington National, a 30 segundos de la Casa Blanca, está prohibido levantarse... incluso para ir al servicio. Un avión secuestrado que, convertido en bomba volante, despegara del National sólo daría seis segundos de margen a security antes de estrellarse sobre el Despacho Oval y la sombra de Mónica Lewinsky, pero no es sólo eso. En los recintos deportivos se han acabado las alegrías, como Halberstam describe: se chequea a cada espectador como si se tratase de un delincuente en potencia. No se permiten objetos metálicos o envases, botellas, refrigeradores: nothing, nada. El margen de seguridad de los aparcamientos se ha extendido y cerrado a tope por las policías locales.
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En Miami, el transeúnte intenta acceder a la agencia de viajes de un antiguo conocido, en One World Tower, en pleno centro de la ciudad. Security pide identificación, ID, y telefonea a la empresa. Respuesta: "Cualquier gestión o pregunta que desee hacer, hágala desde el teléfono del vigilante. Son nuestras últimas normas". Defcon 1.
Pero en la panzuda tarde de Miami, a sólo metros de One World Tower, en el American Airlines Arena, ocurre un extraño suceso, suprema transgresión que no pueden impedir ni security, ni Bin Laden, ni el demonio en persona: un tal Michael Jordan mete 18 puntos en 10 minutos. Y, de repente, el viaje ha merecido la pena...