Qué bueno es sonreír

J.J.Santos
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Nuestra portada de ayer era toda una premonición . No es fácil ver sonreír a Del Bosque. Roberto Carlos le arrancó una carcajada en el entrenamiento de Bruselas. Esa acaba siendo la sonrisa de un equipo carente de alegrías, que sigue rumiando sus fracasos en la Liga. Pero detrás de la simpatía del brasileño hay otras muchas cosas. Hay velocidad para desbordar cuando presiona el rival (los belgas, es cierto, se presionaban a sí mismos), hay recursos cuando se llega a la frontal del área, hay frescura en el desmarque. Roberto Carlos juega por él y por tres más. Sé que esto molesta en el vestuario pero, a las pruebas me remito.

Pero por un día me quedo con lo superficial, con lo que se ve de inmediato, con esa permanente sonrisa, ya sea jugando, mandando recaditos al palco o firmando autógrafos a los chavales. Sé que algunos responsables del club piensan que hay mucho de hipocresía en sus gestos pero también sé que eso llega a la gente. Una cosa es estar serio y concentrado en el partido y otra parecer que te acaba de caer una condena a cadena perpetua. ¿Y si resulta que la clave está en divertirse en el campo, en tirar de ese niño que se lo pasaba bomba en el barrio jugando a su aire? No sería justo si dijera que los dos partidos más muermos del Madrid coincidieron con la ausencia de Roberto, pero sí digo que esos días faltó alegría, espontaneidad y frescura.

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