Instalaciones fijas o virtuales

El Palacio de los Deportes de Madrid va a renacer. Es una gran noticia en los tiempos que corren. Ahora lo que se llevan son las instalaciones virtuales, de usar y tirar. Uno va a Santander, pregunta dónde eliminó España a Estados Unidos en las semifinales de la Copa Davis del año pasado y le enseñan un prado. Tenemos al Estudiantes jugando en una plaza de toros, y los Mundiales de gimnasia rítmica, que comienzan mañana en Madrid, van a celebrarse en una de las inmensas naves del recinto ferial de la capital, las mismas que el próximo mes acogerán la Copa Federación de tenis.
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La arquitectura moderna permite estas cosas. Es más práctico, y sobre todo más barato, acomodar un gran recinto vacío a las necesidades de cada deporte para la celebración de una competición puntual. Las ciudades que celebran unos Juegos Olímpicos no son un buen ejemplo en este sentido, pues dejan una serie de instalaciones que acaban utilizándose para otros fines, como el velódromo de Horta, en Barcelona, convertido en bar de copas, el Palacio de los Deportes, que cerró sus puertas tras albergar el campeonato del mundo de bailes de salón para transformarse en teatro, o las piscinas Picornell, que por lo visto no valen para celebrar unos Mundiales de natación, pues los de 2003 se llevarán al Palau Sant Jordi. Una manera de rentabilizar la joya de la corona de las instalaciones olímpicas barcelonesas.
Por eso, que renazca el Palacio de los Deportes de Madrid tiene un valor sentimental. Por allí pasaron Blume, Comanecci, Mennea, Carrasco, Legrá, Urtain, el pre Dream Team... Una buena remodelación le permitirá volver a ser escenario de grandes historias del deporte, aunque Madrid, para entonces, tendrá en marcha dos grandes palacios. Es su apuesta olímpica.