El Brescia mejoró
El fútbol italiano confunde desde hace tiempo velocidad con precipitación, y el Brescia es un claro exponente. Poco balón al pie y mucho pelotazo desde atrás han sido la constante en un equipo que ha vivido del talento de Roberto Baggio, un fenómeno capaz de sacar del pozo a un equipo muy vulgar. Hasta allí ha llegado Guardiola.
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En su primera imagen le vimos abrazado a Baggio, en un gesto significativo. Me recordó a una final de Copa inglesa entre el Middlesbrough y el Chelsea y un abrazo entre Juninho y Zola. Los buenos futbolistas sintonizan rápido. Y más en el Brescia. Mazzone puso a los gemelos Filippini y a Giunti junto a Guardiola, con Baggio por delante. Guardiola tocó en corto, buscó ordenar al equipo, imprimir un ritmo tranquilo. Por momentos lo logró, y el Brescia dejó a un lado la precipitación que tantos problemas le provoca al fútbol italiano. No duró mucho, pero al menos es un buen inicio.
Guardiola tiene razones para ser optimista. Lástima que los galones solo le durasen medio tiempo, lo mismo que a Mazzone la cordura. Bastaron unos cuantos pelotazos para darnos cuenta de que Guardiola ahí sobraba. Mazzone le quitó y con ello mandó a su equipo al garete. Con Guardiola, el Brescia había sido superior, pero sin él casi tira el partido a la basura. Le salvó Roberto Baggio, como siempre.
