El ciclismo español, el mejor del mundo
Echemos cuentas. Mundiales: Freire, campeón del mundo, y Dori Ruano, tercera. Tour: Joane Somarriba, ganadora, y Beloki, tercero; Vuelta: Casero, primero, y Sevilla, segundo. Giro: Olano, segundo, y Osa, tercero. No hay país en el mundo que haya conseguido tantos primeros puestos. Que Armstrong o Ullrich puedan ser mejores que los nuestros, nadie lo discute. Pero tampoco nos tienen que dar envidia. Son dos fuerzas de la naturaleza que serían buenos nacieran en Pernambuco o Sebastopol. Estados Unidos no tiene más que a Armstrong y Leipheimer, y Alemania, a Ullrich y Zabel.
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Nosotros, en cambio, damos una patada a una piedra y salen ciclistas. Sí, nos falta un Indurain el Perico ya casi lo tenemos con Sevilla, pero eso está fuera de nuestras manos. Los genios nacen; los campeones, con mucho trabajo, se hacen. Y ya vamos teniendo unos cuantos. Tantos, que nos da para hacer una Vuelta a España, para meter dos hombres en el podio del Giro y para ser los grandes animadores del Tour, con gente metida entre los tres primeros en 10 de las 21 etapas, que no hay que olvidar que fueron los nuestros los únicos capaces de seguir la senda de Armstrong y Ullrich.
Franceses e italianos, mientras, se dedican a mirar. Los italianos hacen un Giro a su medida, como nosotros la Vuelta, y sólo uno de sus ciclistas sube al podio; de los franceses, mejor no hablar. No han logrado un solo puesto de honor en todo el año. Dicen que es que ellos van ahora más limpios que nadie; quizá tengan razón, pero la dosis de fármacos se ha reducido en todo el pelotón y ellos siguen sin aparecer, igual que cuando había barra libre con la EPO. Se fue Fignon, y después la nada. En España se fue Indurain y al menos creó escuela para que ahora tengamos el mejor ciclismo del mundo.
