"Jugaré hasta que pueda, esta es mi vida"
Rumbo a los 39 años, Michael Jordan intenta que el mundo se olvide de aquella perfecta retirada de Utah.


Tres años después, ha vuelto a debutar en la NBA "por amor al baloncesto". Jordan guarda buen recuerdo de España: "Me gusta desde los Juegos Olímpicos de Barcelona 92. Me encanta, de verdad".
En España, como en muchos otros sitios, se han sorprendido de lo que usted ha hecho...
-Bienvenidos los españoles a este circo, pero, ¿quién puede impedirme hacer una cosa con la que disfruto? ¿Qué tiene de malo plantearse un nuevo desafío? No debería ser tan sorprendente. Bueno, España es un país que me gusta desde los Juegos Olímpicos de Barcelona, en 1992 (Allí fue campeón olímpico, con el Dream Team). Me encanta, de verdad. Y recuerdo la final olímpica de Los Angeles 1984 contra aquel equipo de Fernando Martín, el que luego vino aquí (también allí Michael fue campeón).
-Defina al Michael Jordan de estos momentos.
-En ciertas cosas soy como un rookie, como un novato. Pero mi mayor reto es conseguir llevar a mis jóvenes compañeros el deseo de ganar. Si yo consiguiera cambiar la actitud de este equipo y al final de temporada hubiésemos ganado 40 partidos, ese sería mi mayor éxito. Y, a mi edad, ¿no le parecería emocionante jugar con Kwame Brown, que tiene casi 20 años menos que yo? (38-19, actualmente).
-¿En qué momento exacto decidió que su regreso era un hecho?
-Cuando vi que podía seguir confiando en mi cuerpo y mi deseo. Sabía que iba a ser difícil, y más cuando me rompí las costillas en el verano. Pero ya nada podía detenerme.
-¿Ni su familia?
-¿Por qué no iban a querer ellos que yo sea feliz con el baloncesto...?
-Sin embargo, el público en general cree que su regreso puede ensuciar su legado de 1998.
-Aprecio mucho el modo en que la gente se preocupa por mí y por mi presunto legado. Amo jugar a esto, pero no puedo controlar a la opinión pública. Mi legado, mi herencia, empezará cuando sea yo quien decida retirarme, pero mientras tenga opciones, pienso jugar hasta que pueda y que pase lo que tenga que pasar. Nadie puede quitarme ya lo que hice en todos esos años que jugué en Chicago, aunque algunos tienen sus preferencias, y lo sé. Mire: he elegido hacer las cosas con las que disfruto Y jugando a baloncesto, disfruto más que con nada. Al final del día, es mi vida, ¿no?, y no la de ningún otro. (ahora hay flashes de determinación en sus ojos, adornados con unas carísimas gafas italianas de diseño).
-¿Se siente un extraño aquí?
-(Toma las calzonas de juego de los Wizards que cubren a su eterno pantalón corto de North Carolina y se vuelve sardónico): Esta ropa es más fea que la de Chicago. Sí, me siento extraño... por jugar en otro equipo, con otra gente, con otro uniforme. Ya ve, en Chicago siguen ocupándose de mí: los negocios no les deben ir muy bien. (A Jordan le sigue obsesionando el modo en que los Bulls liquidaron a su equipo campeón).
-El día 30 le esperan los Knicks, en Nueva York. Ahora y allí, la venganza es un plato que se sirve muy caliente.
-Y estaré nervioso y veré mariposas (butterflies), como siempre antes de los partidos. Nueva York siempre es Nueva York. Para mí será toda una prueba de presión. Pero lo bueno es que los jóvenes de mi equipo van a irse acostumbrando a jugar cada noche en ese ambiente de presión. Y así aprenderán más y más.
-Lo peor de todo, hasta ahora.
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-Me tiene cansado el circo que hay montado en torno a mí, aunque ya estoy acostumbrado. Aquí estamos (ríe tranquilamente, exhibe su sonrisa fascinante de encantador de serpientes), para que los periodistas de la CNN y de todo el mundo puedan escribir a su gusto. Yo les abro la barra a todos.
-¿Y podrá con todo y todos?
-Físicamente, voy a más y espero estar mucho mejor de piernas de aquí a un mes, cuando empiece la temporada oficial. Sé que no voy a dominar como antes; lo que más me interesa es que mi equipo y sus jóvenes exploten su potencial. Yo me ocuparé de ello. Por cierto, lleva usted unos bonitos zapatos... (Muy astuto: los dichosos zapatos son de una de sus marcas. Mira con ojos de fakir, de encantador de serpientes, como si tuviese un TAC en los ojos. Pero en Auburn Hills, más de 22.000 personas están felices por hallarse en el mismo sitio que Jordan. El tiempo para la prensa en el interior del vestuario de los Wizards se agota: Michael, imperial, no ha tolerado que las cámaras se acerquen a él. Y aquí, en América, él, el Jedi, MJ, es la ley.