Los técnicos, culpables
Los ganadores dignifican las derrotas con sus acciones. En la vida, el fracaso está permitido si se han mantenido fielmente las coordenadas para encontrar el acierto. Pero es despreciable si se consuma a través de la mediocridad. Estoy harto de los perdedores, de los mediocres, y el fútbol sevillano está repleto de ellos. Sería miserable cargar sólo contra unos jugadores que están fuera de ritmo y de competición. Tienen mucha responsabilidad, pero, en el desastre copero, están los segundos en la lista de culpables.
Insistía ayer Juande Ramos que durante la semana había advertido de la posibilidad de que esto podía suceder. Entonces, ¿por qué no utilizó todas las armas disponibles para evitar el ridículo? Sólo encuentro una respuesta: le da igual perder. Parece que se ha instalado una moda entre los técnicos que no encuentran pudor alguno para renunciar a hacer cosas importantes en esta competición.
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El Betis y su afición no se merecen que su entrenador tire la Copa. En el Betis, como en todos los equipos, hay titulares y suplentes y deben jugar siempre los mejores. Hasta Maradona llegó a jugar contra la Ponferradina y Zidane contra un tal Pájara. El que juega con fuego suele terminar quemándose. Y qué me dicen de las decisiones de Caparrós. El año pasado renunció a la Copa alevosamente y este año ha vuelto a repetir su osadía. Él, mejor que nadie, sabe que ningún equipo del mundo puede rendir si cuenta a la vez con ocho suplentes. ¿Por qué inventa a un lateral izquierdo? ¿Por qué compone un banquillo con jugadores que llevan muchísimo tiempo sin jugar y algunos, como Otero, descartados por él mismo? Al desamparado hay que tratarlo con respeto y Caparrós vendió a Taira, Loren y Otero. Claro que los jugadores tienen responsabilidades, pero cuando son tratados con justicia.
Pero no pasa nada. El Betis podrá pensar sólo en la Liga y Caparrós podrá jugar con tranquilidad los miércoles en Los Palacios. Su caminar por la Liga está siendo impecable pero esta vez han cometido un grave error. La afición merece un respeto. Cosa de perdedores.