Detroit, primer test serio para Air Jordan
El retorno de la gran estrella provoca el delirio en la venta de entradas


"Por amor a este juego", Michael Jeffrey Jordan, 38 años, volvió a ponerse la pasada madrugada una camiseta de jugador de la NBA, la de los Washington Wizards, en el Palace de Auburn Hills: en un rico suburbio de Detroit, la ciudad (Motor Town, Motown) de los coches caros y los pobres músicos negros. Y del campeonísimo Joe Louis Barrow.
Cuando el Jordan de los buenos y viejos tiempos, Air Jordan, llegaba aquí para chocar con los Bad Boys, Bill Laimbeer y Dennis Rodman juraban que "contra los Pistons, la ley de la gravedad siempre funciona". Y Jordan llegó a salir llorando de este mismo Palace después de hasta tres eliminaciones consecutivas: 1988, 89 y 90. En 1991, sin embargo, tomó venganza...
Aquel semidiós que ahora ha abierto una nueva etapa de su vida y su carrera en Auburn Hills se ha humanizado: abre la "pretemporada de exhibición" en Detroit -y mañana, en Miami-, porque la gente ha saqueado las taquillas como esperando al Mesías en estos días apocalípiticos. Más de 22.000 espectadores en el Palace de Auburn Hills. En Miami, quedaban 1.000 localidades sobre 20.000, que se agotaron como bonos del tesoro cuando Jordan garantizó su advenimiento, "al menos durante la primera parte".
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