Beisbol | Récord de 'Home Run'

Las bolas millonarias de Bonds

Disparan la cotización del jugador y hasta los hinchas pleitean por la posesión de la última

EL GRAN CONTRATO. El récord de Bonds le supondrá un contrato sideral en dólares.
Enrique Ojeda
Redacción de AS
Actualizado a

El deporte americano tiene un nuevo imaginario: el bate de Barry Bonds. Hasta ahora, el exterior de los Giants de San Francisco era un divo más que un héroe, y las habladurías acerca de él giraban alrededor del trato distante con sus compañeros y al sillón del medio millón de pesetas que preside su taquilla en el vestuario. Hasta septiembre Bonds era un buen honronero; a partir de octubre, es excepcional.

Su marca de 73 cuadrangulares es el tope en 125 años de historia, y rompe todo tipo de marcas, algunas tan legendarias como las de Babe Ruth de los años 20.

Actualmente las plusmarcas en el deporte profesional llegan aliñadas con millones, y la de Barry Bonds no ha sido una excepción.

Las cuatro últimas bolas que sacó del campo le van a suponer un nuevo contrato de 3.600 millones de pesetas anuales por cada uno de los cuatro que quiere firmar a la avanzada edad de 37 años. Los Giants no contaban con él, pero en la despedida el dueño de la franquicia soportó a todo el Pacific Bell Park pidiendo la renovación. El jugador ha adelantado que desea seguir en San Francisco si le valoran como se merece.

Las bolas de Bonds no sólo han tenido repercusión económica para su bolsillo. Con él todos ganan. El aficionado que en Houston atrapó el home run número 70 recibió una oferta de tres millones de dólares (540 millones de pesetas) por ella de un acaudalado canadiense que ya había comprado de la McGuire de 1998.

La bola 71, que fue récord durante menos de una media hora, reportó una fortuna para los Gigantes, que comercializaron al instante la bola con la inscripción 71 por el módico precio de 3.800 pesetas. La 72 se quedó en poder de un jugador de los Dodgers, que al parecer se la hizo llegar como un regalo especial al gran bateador rival, para que lo tenga en cuenta en el futuro.

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Abogados y fans. Con la bola del 73, la genuina del récord mágico, hay una controversia en marcha y con abogados por medio: el aficionado Popov dice que es suya, que un tal Hayashi se la robó cuando ya la había atrapado en la grada, y apoya su demanda de 180 millones de pesetas con fotografías y en la cinta de vídeo del partido. La Liga certificó como la auténtica la bola que Hayasi pretende subastar.

Bonds, hijo de un discreto jugador de béisbol pero ahijado de uno de los legendarios de este deporte, Willie Mays, vive en una nube y por fin sabe que ha trascendido en todos los Estados Unidos. En plena euforia su amigo Shawon Dunston le recuerda la promesa de mayo: "Le asegure que tenía el récord si dejaba de tratar al bate como si fuera un palo de golf, y me dijo que si lo conseguía me regalaba un Mercedes Benz. Ahora quiero mi coche".

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