Un líder construido con 2.450 millones
Lopera renunció a fichajes carísimos y dio con el hombre clave: Juande

La realidad bética ha sufrido un giro drástico. Tras el descalabro del descenso, el ambiente que se respiraba en las entrañas del club era asfixiante. Lopera tuvo que hacer frente a su mayor fracaso deportivo y a un escándalo sin precedentes. En agosto de 2000, cuando el equipo preparaba su inicio en la categoría de plata, la plantilla se negó a jugar un amistoso, argumentando las deudas que el presidente tenía con algunos jugadores. Fue el punto de inflexión. Lopera llevó a cabo una limpieza en el vestuario, se marcharon los Finidi, Alfonso, Solozábal, Vidakovic... Y tras una dura campaña, el equipo ascendía.
Fue aquí cuando se empezó a gestar el nuevo líder de la Liga. Lopera se alejó de sus aires huracanados. Anunció que se marcharía cuando pusiera la nave en rumbo y apostó por un guión diferente. Olvidó sus inversiones millonarias en jugadores como Denilson, Oli, Ito, Benjamín o Ayala, para construir un Betis con algo más de 2.000 millones de pesetas. El equipo se reforzó con jugadores menos conocidos, pero que han aportado un alto nivel de competencia al vestuario: Gaspercic, Tais, Mingo, Calado, Joao Tomás, Gudjonson, Ikpeba y Juanito.
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Pero el mayor triunfo de Lopera ha sido dar con el entrenador que buscaba desde la marcha de Serra Ferrer. Juande Ramos ha sabido entender perfectamente las necesidades de este Betis y ha logrado confeccionar una plantilla extraordinariamente competitiva. Es el conjunto, tras el Tenerife, que más jugadores ha utilizado (24). "Ya dije que teníamos el equipo más compensado de toda nuestra historia. Además, muchos me decían el año pasado que mentía cuando comentaba que aquel Betis estaba capacitado para meterse entre los seis primeros de la Primera", repite con insistencia el alma y señor del equipo heliopolitano.
La magia del fútbol ha hecho posible que el mismo bloque que la temporada pasada sufrió muchos apuros, se engrandezca ahora. Cosas del equilibrio de Juande Ramos, la serenidad y la ausencia de locuras de Lopera, y un puñado de valiosos canteranos. Por cierto, Lopera insiste en que se irá. Ya veremos...