Largo, Munné y yo
El colegio Jesús, María y José de Barcelona, el mío, vivió una etapa muy especial entrando los 60: prohibieron el fútbol y apostaron por hockey patines y balonmano. Duró hasta que el padre Justo García S.F. se presentó con la camiseta número 5 de la selección española. Se la había regalado Jesús Garay, que ya había cambiado el Athletic por el Barça, y al que había casado poco antes. Con el fantástico Padre Justo volvió el fútbol al patio de La Siberia, excuso decirles el por qué del nombre.
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Servidor de ustedes pudo ser campeón de España de hockey. Lo que leen. En los tiempos de La Prohibición, nueve de mi clase se compraron patines y stick y años después campeonaron. Yo abandoné una noche terrible, absolutamente acojonado. El portero de España entonces era Largo, un tío con un par que jugaba sin careta protectora. El actor Pep Munné, que iba a mi clase y fue siempre un superdotado para el deporte, dijo que él jugaba si le dejaban ponerse de portero y sin careta, como Largo. Un tirazo traidor le rompió tres dientes y le puso el labio inferior como el de Reiziger y una vaca loca. Lo cosieron por dentro y por fuera. De camino a casa fui tirando aquí el stick, allá un guante, en esa cloaca los patines.
Más de una vez me arrepentí de ello. Otras presumí de haber jugado un día al hockey. Fue cuando conocí a Sabater y a Nogué, un perico del Voltregà, el goleador más grande del mundo. Hoy volvemos a ser campeones. Todos. Incluso yo.