Generosos y entregados
Había un punto de resignación en el público de tribuna del Bernabéu. Malos tiempos para la lírica, debieron pensar. El silencio, mezcla de respeto y miedo, se podía palpar en cualquiera de los rinconces del estadio. Al punto que la presunta bronca por el papelón de Gran Canaria quedó en nada. ¿Y el de la cabeza rapada quién es? Otro Raúl, Raúl Bravo. Más que nunca era un público de manos en los bolsillos pero comprensivo con el atasco generalizado de los primeros cuarenta y cinco minutos. Les valía acabar al menos con la puerta a cero. ¿Y el morenito de la derecha? Valdo, es Valdo. Otra vez la obligada consulta a los papeles y más ración de generosidad para un equipo que no estaba para pitos...ni para flautas.
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En esas, calentó el partido el otro Raúl y lo hizo como sabe que se calienta el Bernabéu: peleando cada balón como un principiante. Para entonces, el que tenía detrás con el inmenso puro ya se había olvidado de cierta indolencia de Guti y ya no pasaba la lupa a cada acción defensiva del equipo. Estaba embobado en otra cosa. De repente, con el partido resuelto, me toca el hombro y dijo: ¿Es necesario tener a Ognjenovic por 400 millones, o contratar a Solari por 800, cuando los chavales de la cantera te resuelven las cinco o seis ausencias de la temporada en determinados puestos con la misma pulcritud y mayor pelea? La respuesta es evidente.
Tan evidente que el socio de toda la vida salió convencido de lo que tienen en casa y que, a partir de ahorase acabaron los fichajes de medio pelo. Es la reflexión pausada tras lo que viví mezclado entre los socios del club blanco. Un apunte más: ni un reproche al entrenador, ni la más mínima crítica. El gran tesoro de Vicente Del Bosque es el sentido común y la serenidad que transmite y eso se valora mucho entre la masa social.
