Boxeo | Pablo Ibar

Un Urtain en el Corredor de la Muerte

AS entrevistó en el penal de Starke (Estados Unidos) a Pablo Ibar, sobrino de aquel Urtain ídolo nacional de los años 70. Pablo se declara inocente del triple asesinato por el que ha sido condenado a muerte.

Un Urtain en el Corredor de la Muerte
Enrique Ojeda
Redacción de AS
Actualizado a

En las estadísticas oficiales norteamericanas sólo aparece el nombre de un ciudadano español en lista de espera en alguno de los corredores de la muerte de las prisiones de Estados Unidos. Se trata del gomero Julio Gómez, de 75 años, impedido, con serios problemas mentales y con un expediente de asesinatos de dudosa defensa. Sin embargo, en los próximos meses Pablo Ibar ampliará la lista de españoles que aguardan para recibir la inyección letal. Pablo, el sobrino del malogrado José Manuel Urtain (el popular morrosco de Cestona), tendrá su pasaporte español en enero a más tardar, y es posible que ese pequeño detalle pueda hacerle más llevadera su situación en el penal de Starke (Florida), el de los carceleros cuellos rojos (los grupos más reaccionarios de los Estados Unidos). Curiosamente, se trata del mismo presidio en el que permaneció hasta hace cuatro meses Joaquín José Martínez, a quien le revisaron su caso y fue declarado inocente.

En diciembre de 2000, y tras seis años en prisión, todo parecía perdido para Pablo Ibar: tres condenas a muerte por tres asesinatos en primer grado. A Pablo se le acusa de acabar en 1994 con la vida del propietario de una discoteca, Casimir Sucharski, y con la de dos bailarinas aspirantes a modelo, Sharon Anderson y Marie Rogers, que frecuentaban a aquel tipo de dudosa reputación. Los hechos ocurrieron en el propio domicilio de Sucharski.

A la familia Ibar se le ha abierto una ventana de esperanza para cambiar un destino trágico. Y esa ventana es el mencionado Joaquín José Martínez, que también estaba acusado de un doble asesinato y finalmente quedó libre. "Ese veredicto nos ha devuelto la ilusión de salvar a Pablo", asegura su padre, Cándido, que siguió de cerca el juicio. Y hay más motivos para la esperanza: Peter Raben, el abogado que sacó a Joaquín del corredor de la muerte, ha aceptado llevar la apelación de Pablo.

Para el Cónsul español en Miami, Jaime Vallaure, "Raben es una garantía" (contratarle cuesta 180 millones de pesetas). "Se trata del primer espada de los criminalistas americanos, y si ha aceptado la defensa es porque ve posibilidades de ganar".

Jaime Vallaure y la familia de Pablo Ibar saben que, por su prestigio, Peter Raben "ya no se arriesga con casos en los que pueda perder". Pero, por encima de todo, lo que mantiene la esperanza de los Ibar es su fe ciega en que Pablo es inocente de los tres asesinatos que se le imputan. Además, las pruebas en su contra parecen tan débiles como las que condenaban a Joaquín José: un vídeo de deficiente calidad y la declaración de un compañero del muchacho. Los fiscales necesitaron tres juicios para condenar a Pablo, que hasta ahora no ha tenido una defensa con auténtica dedicación. Por eso, Raben es quien puede cambiar la suerte del Clan de Cestona.

Ahora, Pablo necesita fortuna, apoyo moral para mantener la guardia alta ante un proceso que durará no menos de dos años, y dinero para pagar el millonario salario de sus abogados. Dice Jaime Vallaure que en Estados Unidos "cuando se revisa un caso y se cambia el veredicto de culpable por inocente, los penados reciben unos 18 millones de pesetas por cada año de pérdida de libertad". Es decir, 10 años de lo mejor de la vida para dárselos al abogado y salir al mundo con una mano delante y otra detrás.

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Hasta el momento, los Ibar han recaudado en ayudas y en la aportación de todos sus ahorros el 10 por ciento de lo que cuesta la defensa. No desesperan. Tantos y tantos españoles que disfrutaron con Urtain tienen una cuenta pendiente con el ídolo que ahora pueden pagar con su sobrino. Y quienes se enriquecieron con el Morrosco, tampoco pueden desentenderse del caso.

Pablo Ibar, de 29 años de edad, sólo ha estado una vez en España, de visita al caserío familiar, y ha pasado tanto tiempo que apenas le quedan recuerdos de nuestro país. Su padre, Cándido, afincado en Atlanta, nunca le llegó a inscribir en el Consulado español, quizá por influencia de la madre del muchacho, ya fallecida, nacida en Cuba aunque de origen español. El caso es que Jaime Vallaure apunta que en el momento en que Pablo Ibar adquiera la nacionalidad española "se le podrá asistir con muchas más garantías". "En estos momentos hay cosas que son imposibles de exigir, como, por ejemplo, poder llamarle por teléfono una vez a la semana, y que en breve es posible que se solucionen". Como ciudadano español, además de recibir muchas más comodidades, Pablo también tendría importantes ventajas desde el punto de vista económico. Para empezar, le correspondería una ayuda de 18.000 pesetas al mes para sufragar sus gastos en el penal de Starke.

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