El Athletic no podría jugar en la ACB
El Athletic de Bilbao nunca podría jugar en la liga ACB. Salvo que rompiera su tradición de alinear sólo jugadores vascos. Para jugar en la ACB es obligatorio tener al menos dos jugadores extranjeros en la plantilla. ¿Y si un equipo no quiere? Pues no se le acepta la inscripción. Esa es la norma. Se entiende que la ACB es una competición para clubes ricos y quien no lo sea pues no juega. Por eso también es obligado tener un presupuesto mínimo de 400 millones de pesetas. Se da por supuesto que ese dinero da para tener al menos dos buenos jugadores. Así, en teoría, el espectáculo está garantizado.
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La idea, en un principio, podía tener sentido. Dos buenos americanos, que en EE UU los hay a montones, y el resto jugadores nacionales. Se conseguía así dar un aire de igualdad a la competición. Pero llegaron los comunitarios, y el baloncesto se llenó de gente nacida en otros continentes que se habían hecho con un pasaporte de conveniencia. La ACB les tuvo que abrir las puertas. Los dos extranjeros se convirtieron en algunos clubes en una decena. Y como si no fuera bastante, hubo equipos que llegaron a fichar comunitarios cuya situación no estaba clara y que obligó incluso a suspender partidos.
Resultado: más extranjeros que españoles en la ACB. Fórum, Fuenlabrada, Cantabria y Granada son la excepción. En sus plantillas sólo tienen los dos extranjeros obligatorios. Ocho de sus rivales pueden llegar a jugar contra ellos sólo con jugadores extranjeros. Ese principio de igualdad deja de existir. Los grandes clubes se refuerzan sin límite con la excusa de que también tienen que jugar en Europa y ahí se encuentran con equipos multinacionales. Se produce así un desequilibrio en la ACB, pese a toda su buena intención. ¿Por qué, entonces, la imposición de que haya un mínimo de 36 extranjeros?
