Casero campeón
En la crono final aventajó en 1:12 a Sevilla, que resistió hasta el kilómetro 24.

Hay una alegría un poco triste que deja la risa en sonrisa. Imagino que por eso llora la gente de felicidad, por el frío que se cuela por la espalda. Casero ganó la Vuelta a España y todos los motivos que nos alegran por su victoria, sobre todo que es un buen tipo, son los mismos que nos escuecen por la derrota de Sevilla.
Probablemente sea injusto dejarse seducir por la cara de Sevilla, pero es imposible evitar ese sentimiento de ternura que inspira la gente que está de ida, su ilusión, su forma de entender la vida como una maravillosa aventura repleta de oportunidades. Después de perder la Vuelta, aún vestido de amarillo, El Niño seguía sonriendo, totalmente confiado en el futuro.
Casero está de vuelta (nunca mejor dicho), aunque mantiene una frescura extraña. La gente tranquila puede resultar desconcertante. Perteneció al club de las grandes promesas y un día le dijeron que se parecía a Indurain. No es fácil recuperarse de tanto vértigo, que le pregunten a Olano. Y curiosamente su primer momento de gloria llegó en las mismas circunstancias que ayer. Ganó el Tour del Porvenir de 1994 tras superar al líder (Den Bakker) en la crono del último día. Aquella tarde Zarrabeitia, otra promesa, se estrellaba con su coche y resultaba malherido. El futuro también es así.
Casero nunca pudo estar a la altura de las expectativas de los demás (vuelvan a preguntar a Olano). Fue quinto en el Tour y campeón de España, poco para alguien que se parece a Indurain.
Por eso, con 29 años, no podía dejar escapar su gran oportunidad. Por fin había conseguido modelar su cuerpo, adelgazarlo hasta el límite. Por fin tenía un triunfo en la mano, siete años después del Porvenir.
La emoción de la crono que decidía la Vuelta duró 24 kilómetros. Fue el tiempo que le duró la ventaja a Sevilla, su milagro de 25 segundos. A mitad de carrera estaba desfondado. Casero, en cambio, fue de menos a más y llegó a meta con los brazos en alto, ante la mirada nostálgica del viejo campeón, Roberto Heras, su verdugo el año pasado, porque a veces la vida es una buena película.
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Por cierto, Heras perdió la tercera plaza (que no llore) en favor de Leipheimer y Botero ganó la crono. Asuntos mundanos cuando estaba tanto en juego.
Fue una Vuelta rara. Siempre pareció que faltaba algo, difícil explicarlo, porque todo era bonito, quizá ese maldito frío que se cuela en la espalda.