Vísperas de mucho
Trenti ganó en Guadalajara a Chente, Zarrabeitia y Sheffer tras una larga escapada. La carrera puede quedar hoy decidida en Abantos.

El ciclismo español, abundante y reluciente, ya lo ha conseguido casi todo. Casi. Hay viejas leyes que todavía se cumplen, repetidas y machaconas, para nuestra mayor desgracia. En una escapada, mitad españoles, mitad extranjeros, ganan siempre los de fuera. Ayer volvió a suceder. Se formó una fuga de once ciclistas entre los que estaban Zarrabeitia, Chente García Acosta, Vicario y Flores. Pues ganó Trenti, un italoamericano. A pesar de ser compañero del ínclito Simeoni no entró andando a meta. La epidemia está controlada.
La etapa fue como una clásica, es decir, mucha leña, terreno abrupto, lluvia y frío. Hoy y mañana se verán los efectos de tanto cansancio. Que los habrá. Sólo cuando los escapados fueron inalcanzables, el pelotón se calmó un poco. Por delante, un concurso de eliminación. En los últimos cinco kilómetros sólo resistían Trenti, Shefer, Chente y Zarrabeitia. Igor Flores había pinchado a 7 kilómetros y Elli era víctima de calambres. No hubo manera. Trenti estaba supervitaminado y supermineralizado y primero acabó con cualquier intento de escapada y después fue él quien se marchó en solitario. El pelotón llegó a 15 minutos.
Pero olvidemos el pasado y pasemos a la etapa de hoy, Abantos, el penúltimo asalto, emociones fuertes. Hay un dilema. La lógica indica que el Kelme debería atacar porque las opciones de Sevilla pasan por sacar algo más de tiempo a Casero, pues 25 segundos de ventaja no parecen suficientes para la contrarreloj de mañana (38 kilómetros).
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Sin embargo, también es evidente que el líder no está para muchas fiestas y plantear una etapa dura puede beneficiar a Casero, tal y como ocurrió en Aitana. Quizá Belda el temerario apueste por una vez por una táctica conservadora, porque en el fondo nadie tiene tan claro que Casero pueda recortar 25 segundos a Sevilla el último día, cuando la fortaleza psicológica puede más que las piernas, cuando el oro da alas. Si Festina también tiene dudas (que creo que sí) tiene la obligación de atacar. Quizá el propio Casero, demasiado a la contra, necesite una gran ofensiva para rehabilitar su imagen de ciclista demasiado sufriente, poco imperial, ya me entienden.
En la Sierra de Madrid nunca pasaba nada hasta que llegó Perico y escribió el primer capítulo de su leyenda a costa de un escocés con cara de malo que se llamaba Robert Millar. Hoy se reúnen todos los ingredientes para que haya gesta. Enrique Franco ha vuelto a poner chinchetas en el trazado y Abantos se subirá por un lado inédito en el que hay rampas de hasta el 17%. Casero tiene que comprarse un piolet. Lloverá en buena parte del recorrido. Esa agua que cala hasta los huesos y deja los músculos congelados. Y no olvidemos a los banestos, que hay montañas. La Vuelta está en su último empujón, ante la mejor oportunidad de hacerse grande, por fin, de despejar todas las dudas, hay duelo, Casero y Sevilla, nadie podrá decir que se besen, porque los ataques furiosos en Abantos serán tan crueles, ojalá, como los que sólo se pueden dar los amigos en pie de guerra.