El poder de un genio contra todos
El reto y no el amor al baloncesto: eso es lo que alimenta el regreso de Michael Jeffrey Jordan a las pistas. El peor argumento que se podía esgrimir contra el retorno del Jedi, del genio, era el consejo paternalista, la llamada desesperada a que todo quedase tan bien con aquel tiro perfecto de Utah. "¿Dije yo nunca que aquélla fuese mi ultima canasta?", amenazó Jordan cuando ya se entrenaba en Hoops the Gym, el gimnasio del West Side de Chicago que ha sido el cubil donde la fiera ha vuelto a afilar sus zarpas...
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Y, con el número 23 en sus camisetas de entrenamiento y de juego, el presidente-director-jefe supremo de los Wizards volverá a enfrentarse a la prensa en la presentación del equipo, el día 1, en el MCI Center, en pleno centro de Washington. Lo que nadie puede negar a estas alturas es lo apasionante del reto que, otra vez y como siempre, enfrenta a este hombre ganador contra un mundo que se le resiste y que él desea dominar a toda costa.
Hace falta valor para ser Jordan y ponerse a jugar en la NBA no ya con 38 años... sino tras tres temporadas de inactividad. Si triunfa como él quiere, Michael habrá consumado una hazaña de hazañas, sólo al alcance de Cassius Clay-Alí o de Joe Louis: por eso, Jordan es Jordan. Porque enarbola ese orgullo de ganador, casi enfermizo, que en este mundo de pícaros y extorsionadores puede resultar incomprensible. Pero así son los genios: seductores, fascinantes, solitarios, poderosos, incomprendidos: Jordan.
