Filtraciones con muy mala intención

Juan Mora
Importado de Hercules
Actualizado a

El ciclismo está trabajando para limpiar su imagen. Esto es un hecho cierto. Los patrocinadores ponen como primera condición a los equipos que no se vean involucrados en escándalos de doping, los corredores que dan positivo son expulsados, la preparación biológica sistemática con toda clase de fármacos ha sido restringida, la Unión Ciclista Internacional recurre cuando las federaciones no sancionan a los ciclistas tramposos, un director desempolva casos pasados sin venir a cuento y tiene que abandonar la Vuelta... Hay un acuerdo tácito para olvidar el pasado y sacar el ciclismo adelante.

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Esta reacción es encomiable y sus resultados están a la vista. Lo vemos cada día en la Vuelta. Los corredores ya no se recuperan como antes y pagan los esfuerzos que hacen. Y ahora que el ciclismo ha hecho seriamente propósito de enmienda y cumple su penitencia, va el director del Consejo de Prevención y Lucha contra el Dopaje y se pone a hurgar en la herida. Con muy mala intención, además. Si no ha habido más positivo en el Tour que el de Txema del Olmo, ¿a qué viene decir que en 66 muestras había presencia de sustancias dopantes? Pues que las hubieran sancionado.

Pero no. No podían. Estaban bajo prescripción médica. Se le olvida decir que hay un centenar de fármacos que se pueden utilizar con receta. La medicina está hecha así. Para curar. Y si a un ciclista le salen almorranas, el médico le tiene que recetar hemoal, aunque se advierta que el producto puede dar positivo. Los análisis lo detectan, se estudia el caso, no hay sanción porque se comprueba para qué se utilizó la pomada, pero luego, en el balance final, aparece como una de las 66 muestras con presencia de sustancias dopantes. Eso no es lo malo. Lo malo es filtrarlo con toda la intención del mundo.

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