La carrera de Aspar
Durante años, escuché a Jorge el mismo discurso recurrente: Valencia merece, necesita, exige un circuito. Aspar sabía lo que era jugarse el tipo entre bordillos en carreras de pueblo, abarrotadas además por unos aficionados incondicionales que también ponían en peligro su integridad al borde de la pista. Por eso tenía claro que una situación así se antojaba insostenible, sobre todo cuando otras comunidades autónomas, incluso de menor tradición motociclista, ya contaban con instalaciones de este tipo.
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Y Martínez, campeón de motos pero también de perseverancia y dedicación, no cejó en su empeño hasta que lo consiguió. Con argumentos de peso convenció a los políticos de que había llegado el momento de saldar una deuda histórica con sus ciudadanos y así construyeron una instalación modélica y también racional. Un circuito que se alejaba de planteamientos faraónicos pero que, sin embargo, aportaba todos los ingredientes necesarios para albergar pruebas de primera categoría.
Por eso este gran premio, quizá, es de Aspar más que de nadie. Sólo él (y también Mayte, su mujer) sabe el tiempo, el esfuerzo e incluso el sufrimiento que le ha dedicado a esta pista de Cheste. Así que ojalá mañana sus chicos, cualquiera de ellos, le den al jefe la satisfacción que merece.
