En el fondo, los periodistas no somos tan malos
Noticias relacionadas
Mil gracias en nombre de todos los que han trabajado a destajo durante seis meses en la gran obra del Centenario a las decenas de compañeros de otros medios que ayer se pasaron por el Círculo de Bellas Artes. Estaban casi todos, vamos, que no faltaba casi nadie. Y esto no es fácil. Somos una pandilla puñetera, que guarda pequeños agravios durante años y que lame las heridas de guerra lentamente. Ayer, viendo lleno el Salón de Baile, uno repasaba veintitrés años de profesión y se daba cuenta de que hay mucha gente que vale la pena, que son mayoría los que merecen ser respetados. Gente que lleva un puñado de años en la trinchera o que acaba de llegar, gente instalada en el éxito y gente que lo está pasando mal. Todos igual de respetables y todos igual de sinceros en su sentimiento de amistad hacia este diario. Gracias por su generosa acogida a lo que es mucho más que una simple promoción.
Lo mejor era comprobar que muchos de los allí presentes se sentían partícipes de esa historia del Real Madrid contada en más de mil quinientas páginas. Nombres de figuras legendarias, anecdotario de viajes, el gol de no sé que año clavado en la retina, todos empezamos a tener ya batallitas que contar. Y cuando ves esos recuerdos plasmados en papel impreso, cuando tienes un documento de tal magnitud para leer y repasar, te acaba ganando. Eso fue lo que yo vi en la mirada de muchos viejos amigos, entrañables compañeros, que siempre estuvieron a las duras y a las maduras. Era como si cada uno hubiera escrito alguna de las páginas de esta Enciclopedia inédita, como si hubieran participado en la elección de alguna de las cinco mil fotografías. No había un hueco. Bueno, sí, hueco para la indiferencia y la competencia mal entendida. Pero eso no se apreció. Y es que, en el fondo, no somos tan malos.
