Mundial español

Raúl Romojaro
Redacción de AS
Actualizado a

Tres años ya con tres carreras en España. Un Mundial con color nacional, por pilotos, afición y, no hay que olvidarlo, por una empresa que tomó las riendas del certamen para adecuarlo a las exigencias y necesidades del nuevo deporte profesional. Inolvidables las críticas y el escepticismo que la entrada de Dorna en los grandes premios produjo entre los santones del motociclismo, sobre todo los presuntuosos anglosajones. ¿Cómo iban a venir unos españolitos a enseñar a nadie a hacer las cosas?

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Pues sí, les han enseñado y de que manera. Poco tiene que ver el Mundial 2001 con el de hace tan sólo una década. Es verdad que ha perdido parte de su romanticismo, pero es un sacrificio asumible en favor de la profesionalidad, la imagen, la difusión, la seguridad y el crecimiento. Ahora hay más pilotos, escuderías, patrocinadores, prensa, interés, carreras y dinero.

Todo eso es lo que ha conseguido el equipo que capitanea Carmelo Ezpeleta, el Ecclestone de las motos capaz de llevar este campeonato a un nivel envidiable. A él y a su gente le debemos que, por tercera vez este año, tengamos la oportunidad de disfrutar del espectáculo único de los grandes premios sin salir de nuestro país. Y más allá del privilegio que representa, es una muestra evidente de que aquí también sabemos hacer bien las cosas.

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