Esta Vuelta se corre a pelo
Un ciclismo sin doping es mucho más bello; un ciclismo con etapas cortas es mucho más trepidante; un ciclismo sin un líder es mucho más competitivo. Un ciclismo así es imprevisible. Un día gana uno y pone la clasificación patas abajo, al siguiente vence otro y la general sufre un vuelco. No se ha visto una Vuelta tan bella como ésta. Sólo llevamos una semana de carrera y da la impresión de que lleváramos el doble de tantas cosas como suceden cada día. Ayer, el alto de La Demanda parecía el Mont Ventoux de lo derrengados que llegaban los ciclistas. Y lo hacían de uno en uno. Como está mandado cuando se es humano.
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En el ciclismo lo normal es acusar los esfuerzos. Y si alguien se deja la vida en una ascensión, lo normal es que al día siguiente esté para el arrastre. Eso pasaba antes; de ahí vienen las pájaras. Pero el ciclismo moderno las desterró. Roche llegó muerto a La Plagne para ganar a Delgado, casi se lo tuvieron que llevar en ambulancia y al día siguiente estaba como una rosa. Eso no puede ser, pero es algo que llevamos viendo año tras año. Hasta que ha llegado esta Vuelta. Botero hace un etapón jueves y viernes, y ayer lo pagó. Sevilla se vació el viernes, y ayer sufrió de verdad. Chava se había reservado el viernes y ayer explotó.
No es que hayan desaparecido los fármacos del pelotón, pero sí al menos las sustancias duras. Ahora se sigue poniendo a los corredores una bolsa de suero en vena después de cada etapa para recuperarles, pero nadie se arriesga a meterles mucho más. Y eso se ve al día siguiente en cuanto alguien, el que se encuentra más fuerte, tensa la cadena. El efecto de los ataques resulta devastador. El ciclismo ha salido ganando. Las etapas son más cortas. ¿Y qué? Se sube más despacio. Pues no lo parece de tanta caña como se dan los ciclistas. El resultado final es que hay más espectáculo y el desenlace es imprevisible. ¡Viva esta Vuelta!
