Un torneo para disfrutar

Julio Maldonado
Importado de Hercules
Actualizado a

Desde que la antigua URSS ganase el título en 1987, jamás una nación europea ha conseguido el Mundial para los más jóvenes, consecuencia lógica de la rapidez con la que los chicos se afianzan en las competiciones de Primera División en Suramérica y África. Por el torneo han desfilado futbolistas europeos del nivel de Figo o Del Piero, pero sin lucir casi nada en su momento.

Siempre les faltó el toque de experiencia que sí tienen sus rivales suramericanos. Y también los africanos e, incluso, los árabes, bajo la eterna sospecha todos ellos de la edad. No debemos esperar algo distinto ahora en Trinidad y Tobago, porque otra vez argentinos y brasileños parten con ventaja. La estrella argentina Maximiliano López, ya lució con River Plate en Primera, y su acompañante en ataque, Tévez, lleva tiempo entrenandose con las estrellas de Boca Juniors.

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En Brasil destaca el excelente Diego, un número diez del Santos que junto a nuestro Fernando Torres parte como gran estrella del torneo. Habrá sorpresas, como siempre. En Nueva Zelanda, hace dos años, llamó la atención el norteamericano Landon Donovan, objetivo desde hace tiempo del Valladolid. También el ghanés Addo, que con siete goles dejó boquiabiertos a todos. Los dos hicieron más que Aimar y Cambiasso en Ecuador 95, torneo en el que les superó incluso César La Paglia, proyecto de Boca ahora escondido en Talleres.

La verdad es que en un Mundial Sub-17 todo es posible, desde el título de Arabia Saudí en 1989 en el torneo jugado en Escocia hasta el subcampeonato de Australia hace sólo dos años. Llegan pocos hasta el primer nivel, pero es un torneo para disfrutar como pocos por la libertad de los futbolistas para mostrarse.

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