Marchando unas tapas

J.J.Santos
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Capello debió disfrutar mucho. Ver al equipo de sus amores jugar con la entereza que lo hizo ayer en Roma, comprobar que sus chicos han evolucionado tanto en estos años, percibir que Del Bosque se aplica... Vamos, que cualquier madridista como él tiene que descubrirse. Decíamos en la previa que la forma de destrozar los ordenados sistemas de Capello deben llegar por la vía de la improvisación, explotando la calidad individual, rompiendo lo previsible, tomando la iniciativa. Eso no hay pizarrón que lo resista. ¿Tres centrales y dos carrileros? Ya, ya. ¿Dos medios centros de corte defensivo? Ya, ya. Así, hace cuatro años, el italiano le dio una Liga al Madrid y parecía que había inventado la pólvora. Por fortuna, los entrenadores se transforman y algunos incluso evolucionan. No es el caso del bueno de Fabio.

Y la lección pudo ser mayor si el Madrid no se atocina en el último cuarto de hora, si Raúl tiene su noche, si Karanka no comete un penalti infantil. Hubiera sido una humillación histórica. Durante una hora apareció el jamón pata negra que tanto gusta a Capello. No tengo dudas de que, amante como es del tapeo desde que vivió en España, disfrutó mucho con ese mostrador de exquisiteces que desplegaron los chicos de Del Bosque. Eran pequeños bocatines para buenos paladares, como si el bueno de Leoncio le ofreciera lo mejor del Txistu.

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