Doble emoción
Beloki, Olano, Casero, Pantani y Escartín pierden 22 segundos en una etapa marcada por las caídas. Botero, Sevilla e Igor llegaron con Zabel, el ganador.

En el día en el que no debía pasar nada pasó de todo. Suele ocurrir. Nadie sale de casa pensando que se caerá una maceta en su cabeza y en cuanto te quieres dar cuenta te crecen geranios en la coronilla.
Había amenaza de viento y el patio estaba revuelto. En esas condiciones el pelotón se convierte en 200 mozos corriendo por la calle Estafeta. Los de la ONCE ejercen de vaquillas y Saiz de Florito. Cuando sopla (el viento, se entiende) su equipo tiene más peligro que un nublado.
Freire fue de los primeros en caerse. Habrá que empezar a pensar en el mal fario, olvidar los médicos y recurrir a Paco Porras. No es normal tanto plomo en las alas y no es normal que Freire siga volando, luchando en los sprints con un calambre, mil virus y magullado como un tomate. Hace falta ser muy bueno.
El grupo no era una serpiente, sino una serpentina, estirado y encogido, primer día de rebajas, el arte del codazo. Se quedan cortados Olano y Pantani. El Pirata se aleja de las tibias y las calaveras y se acerca al cuerpo de la Guardia Civil. Cosas veredes. En la Benemérita cunde el look Pantani, perilla y calvorota. Buen rollito, nuevos tiempos. No obstante, si aceptan un consejo, no llamen a un agente Elefantino para evitar una multa. Será peor.
No nos perdamos
La carrera continuaba frenética y buena culpa de ello es que hay más gallos que en el Kentucky Fried Chicken. Casi una docena de ciclistas tienen opciones de ganar la carrera. Y precisamente algunos de ellos se fueron al suelo en la última caída de la jornada, a tres kilómetros de la meta, cuando el Telekom volaba bajo. En el sprint, eterno y llano, se impuso Zabel, fácil, casi silbando. Por allí estaba Freire, tocado pero a flote.
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En el grupo principal llegaron Sevilla, Botero e Igor González de Galdeano. A siete segundos entraron Heras, Unai Osa y Laiseka. Y a 22 Beloki, Olano, Casero y el sargento Pantani. Más que un palo a la ONCE habría que hablar de una colleja, menos dolorosa y más traumática.
Belda saca ventaja y se le pone cara de James Cagney, genial y provocón. Pero cometerá un error si desprecia a un equipo tan temible como la ONCE. Saiz, que parece el jefe de la Policía de Nueva York, está furioso y no sería raro que los suyos salieran hoy en estampida y con las orejas rojas. Hoy llega Asturias y la primera montaña, huele a Lagos, ojo con el tapado Rubiera, cúrate Freire, que le echen un galgo a Botero, Pantani con tricornio. La Vuelta quema.