Crivillé nada debe demostrar
Alex Crivillé sale hoy picado. No es malo en el deporte sentir herido el orgullo, porque siempre se puede rendir un poquito más que en condiciones normales. Aunque sólo sea el 1%. Quizá ese poquito sirva para competir en igualdad contra rivales que son superiores, simplemente porque van al 100%. A Crivillé le han dado con las puertas en las narices y le han dicho que ya se puede ir buscando otro equipo para la próxima temporada. Quiere venganza y dejar en evidencia a quien tomó la decisión de no renovarle el contrato. Pero esto no deja de ser un arma de doble filo que se puede volver en su contra.
Noticias relacionadas
Si ganase, habría motivos para pensar que sólo ha reaccionado cuando se ha visto menospreciado. Honda le podría reprochar entonces falta de profesionalidad. Mal asunto cuando patrón y asalariado no se entienden. Cierto es que Honda eligió el peor momento para anunciar a Crivillé que no seguiría, porque acababa de ser segundo en Brno, pero también es verdad que la decisión ya estaba tomada tras analizar el rendimiento del piloto después de toda una temporada, no de una sola carrera. Y el balance no era satisfactorio: una única victoria, conseguida en junio del año pasado, desde que ganase el Mundial en 1999.
Es duro asumir, después de haber sido el mejor, que ya no se es. No por falta de facultades, sino porque se compite contra chavales que también las tienen, pero que, además, se comen el mundo para llegar a ser algún día famoso, campeón y multimillonario como Crivillé. Y mientras a los 31 años se calculan los riesgos, porque es condición natural de la madurez, los jóvenes son osados, arriesgan y... ganan en cuanto disponen de una moto en condiciones. Entonces borran de un plumazo no sólo a Crivillé, sino también a Roberts, el último campeón. Es ley de vida y más en el motociclismo, donde los jóvenes se han apoderado del presente.
