El diario AS era su hijo
Nunca se casó, pero ha dejado muchos hijos. Y el más ilustre de todos es el diario AS. Él y Rafael Rienzi lo parieron, lo criaron y le dieron un puesto de privilegio en la prensa deportiva mundial. No diga periodista, diga Manuel Sarmiento Birba, el paradigma del redactor jefe, el hombre capaz de comer, beber, dormir, jugar a las cartas y, por supuesto, trabajar 20 horas seguidas en la Redacción de un periódico. Su periódico.
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Distribuía las páginas, encargaba los reportajes del día, organizaba los viajes, hablaba con los corresponsales, hablaba con los enviados especiales, corregía las pruebas, ponía titulares, escribía su artículo de opinión, escribía su crónica sobre el equipo nacional, elegía fotos en el archivo, aleccionaba a los taquígrafos y además de todo eso le quedaba tiempo para encerrarse en el despacho con su amigo Kubala, por ejemplo, y liquidar un par de botellas de whisky, mano a mano, mientras evocaban 'los buenos tiempos'. Su memoria era prodigiosa. Lo mismo podía citar el nombre de 30 islas del Pacífico, con sus capitales correspondientes, que la alineación, resultado y goleadores de cualquier partido disputado por la Selección española en toda su historia. También recordaba los ganadores de cualquier edición del Tour, así como los vencedores de los premios de la montaña y, en el caso de españoles, ganadores de etapa.
Pero mayor que su memoria era su corazón, su bondad, su capacidad de afecto. El periodismo, el fútbol y Beethoven, junto a la amistad y la buena mesa, eran sus pasiones. Cuando le llevaba a casa, a las tres o las cuatro de la madrugada, el programa era fijo: se ponía el mandil y el gorro y, tras cocinar las preceptivas tortillas francesas, enarbolaba la espumadera para dirigir, a todo volumen, la sinfonía de Beethoven que más le apetecía en ese momento. El periodismo deportivo ha perdido a uno de sus mitos. El diario AS y muchos de sus redactores hemos perdido un padre, un amigo irrepetible.
