El ciclismo, en vanguardia
Todo el pelotón ciclista de la Vuelta a España pasó ayer control antidoping. De sangre y de orina. Para ello, los corredores tuvieron que pernoctar el miércoles en Salamanca, dos días y medio antes de que comience la carrera. Unas muestras se analizarán en los laboratorios españoles; otras lo serán en los suizos. Allí se completarán los datos de la cartilla de salud de cada corredor con los resultados de la cuarta analítica anual. Unos médicos compararán los cuatro informes para asegurarse de que no hay anomalías; si las hubiere, que se prepare el corredor. Va a pasar controles antidoping día y noche.
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Visto esto, no hay deporte en el mundo que tenga una normativa antidoping tan estricta. Verdad es que el ciclismo ha abusado del doping hasta el último extremo, hasta llegar a la muerte por sobredosis; también, que no tiene reparos en probar cuantos nuevos productos salen al mercado, y que es capaz de negar la evidencia antes que declararse culpable. Pero también es verdad que, hoy por hoy, y quizá por tantas trampas como ha hecho y porque la vida de los corredores está en juego, el ciclismo está en vanguardia de la lucha contra el doping. Cuando el deporte mundial quiere crear una cartilla de salud, los ciclistas ya la tienen.
No es fácil imaginarse a un futbolista, a un tenista, a un atleta, cumpliendo con todos los requisitos de los ciclistas. Por lo pronto no es fácil que estén dispuestos a que su historial clínico esté por ahí dando vueltas por muy confidencial que sea. Y después está el presentarse voluntariamente a los controles, al margen de los que puedan hacerse por sorpresa, cuando hay deportistas, sobre todo atletas, que desaparecen de la Tierra cuando oyen que suena el timbre de su casa. Si hay un positivo pondrán mil excusas, los ciclistas también, pero a la hora de la verdad éstos son los únicos que, ahora mismo, están controlados.
