Esta vez, La Bomba atómica
Ganarle a Rusia un partido con 1 de 16 en triples y 17 pérdidas de balón sólo se puede conseguir como lo hizo ayer España: dejándose el alma y la piel en defensa. Eso, y una fe inquebrantable en la victoria. Fecha importante en la historia de la selección, que ha cazado una vez más al oso ruso, luchará por medalla en el Eurobasket y asegura plaza en el Mundial de Indianápolis 2002.
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Pero el premio gordo, en el fondo, es otro. El relevo generacional ha sido un éxito. De la amargura de Sydney (derrotas, apatía...) hemos pasado al frenesí de Estambul. España seduce e ilusiona de nuevo en baloncesto. Los júniors de oro han ratificado su calidad, su valentía y su talento, de la mano de un entrenador, Javier Imbroda, cuya filosofía es tajante: todo nace en la defensa. Por ejemplo, un fantástico triunfo sobre Rusia, inexplicable según las estadísticas. Pero anoche La Bomba Navarro fue dos veces bomba atómica, y Angulo remató con un par de raids apoteósicos.
Una prueba de que la defensa, el esfuerzo, son una inversión más segura que el ataque está en lo que ocurrió en el otro partido. Letonia sumó 78 puntos (16 más que España frente a Rusia), pero perdió. Y la razón es simple: encajó 114 puntos ante Yugoslavia. Siete triples en 12 intentos. Así estaba Letonia en el descanso. Con semejante acierto cabía suponer que dominaba en el marcador, pero ya sabemos que todo es relativo. Su ventaja era exactamente de -26 puntos, porque Yugoslavia llevaba 14 de 16 en ese mismo apartado. Una auténtica inmoralidad.
