Los de Bielsa no tienen rival
Brasil no anda bien y eso lo sabemos todos, pero dudo mucho que algún otro equipo del mundo pudiese haber hecho más ante Argentina en el partido disputado en el Monumental de Buenos Aires. La perfección en el fútbol no existe y Marcelo Bielsa estará de acuerdo, pero su equipo la roza. Argentina lo tiene todo. Funciona como un bloque, con una presión que asfixia al rival. Le ahoga, le desquicia, le destroza. Llega por los dos lados, con Placente o Sorín y Kily González a la izquierda y Zanetti a la derecha. Mueve el balón a gran velocidad, lo que descarta con razón a Riquelme del engranaje. Mata con piojo López y Crespo en el área, e incluso guarda en la recámara jugadores del nivel de Ortega, Gallardo o Aimar, titular ayer pero suplente de Verón. No hay un equipo más perfecto en este momento.
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Esta vez lo sufrió Brasil, que se encontró primero con gol a favor y después con una avalancha de fútbol enfrente imposible de controlar. Argentina ahoga tanto la salida del equipo rival que Simeone juega cómodo por delante de los tres centrales, y con eso queda mucho dicho. Brasil jugó al ritmo que le marcó Argentina, que controló el partido cómo y cuando quiso. Tardó en llegar la remontada, pero el partido ya había dictado sentencia mucho antes. La verdad, no recuerdo jamás a un equipo tan superior al resto a sólo meses de un Mundial. Lo digo convencido.
Esta selección Argentina no tiene actualmente rival y si no es campeona del mundo dentro de un año se habrá escrito en Corea y Japón una de las mayores sorpresas en toda la historia de los Mundiales. Ayer jugó sin Verón (que estaba sancionado), el extraordinario centrocampista del Manchester United, pero Bielsa ha construido un engranaje tan perfecto que no se notó demasiado su ausencia. Un bloque que oculta las carencias de Vivas en la defensa de tres hombres, y en el que se puede prescindir de Batistuta. Si Maradona hubiese nacido unos años antes estaríamos ante una máquina sin precedentes.
