La selección rusa es el enemigo sin rostro
El rival de España carece de un bloque de juego compacto.

Cuando el seleccionador Stanislav Eremin, aquel base medio mongol del CSKA Moscú, vio amanecer el primer día de concentración del equipo nacional ruso, en julio, se sintió el hombre más desgraciado del mundo: sobre 12 jugadores convocados, habían aparecido... dos. El resto alegó cualquier razón para no presentarse. "¿Qué se le hace en España a los jugadores que hacen esto? Porque en Rusia da igual todo", se quejaba amargamente Eremin hace unos días.
Y, ¿quiénes acudieron a la llamada de Eremin? Sergei Chikalkin e Igor Kudelin, dos sujetos indescriptibles. Chikalkin (1.92), el escolta venido de los Urales, que fue el verdugo de España en Sydney, tiene cara de experimento de laboratorio, se rapa al cero y es gordito y blanco como la leche. Pero tiene corazón... y mete casi todo lo que tira. En eso coincide con Igor Kudelin, el zurdo más rápido de Rusia. El que se quede colgado en un bloqueo tras Kudelin, tiene casi garantizado un castigo de tres puntos...
Kudelin y Chikalkin son, pues, las soluciones entre las estrellitas: Panov, Fetissov, los hermanos Pashutin y, sobre todo, Andrei Kirilenko (2,06, tres años de contrato con Utah Jazz) y Nikita Morgunov (2,09, tentado por Portland Trail Blazers, pero fichado al final por el CSKA Moscú).
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Una banda
Cuando todo funciona, Rusia aplasta, arrolla, como puede certificar Grecia, machacada en Antolya. Pero cuando Kirilenko, Morgunov, Fetissov y Panov piensan en las musarañas, igual no pasan de 50 puntos y Eremin quiere morirse. Con una u otra cara, esta banda, no bloque ni equipo, apeó a España de los cruces buenos en Sydney y acaba de propinar en Chiclana una importante paliza a la selección de Imbroda (56-73). Que el sorprendente y curioso Chikalkin no sorprenda a nadie... al menos por esta vez.