El final del maleficio
Con el trasfondo de la ayuda a Pier, el Real Madrid de la Quinta del Buitre ganó y demostró ante el Eurotenerife que no hay maldiciones que duren siempre.

Y se acabó. Como todo lo bueno y malo en la vida, el maleficio de la Quinta en Tenerife se terminó ayer. Tuvo que ser Butragueño, que dio nombre a aquel grupo excepcional de jugadores, quien, en el homenaje a Pier, terminara con esa losa. 0-1, que puede ser un resultado corto, pero que es, incontrovertiblemente, una victoria que mata a un fantasma incómodo. Butragueño, con su eterno gesto aniñado, fue el Ghostbuster en el Heliodoro Rodríguez López.
El Real Madrid de la Quinta del Buitre, el que se dejó dos Ligas en la Isla entonces maldita de Tenerife, regresó ayer al archipiélago para ayudar a Pier. Y, sin embargo, los compases iniciales del partido demostraron que hay fantasmas que se resisten a morir. En el primer minuto, Dertycia, tantas veces verdugo, se plantó solo ante Sergio, que tuvo que emplearse a fondo para que no entrara el primer gol de la cuenta chicharrera. En la guerra no hay batallas amables, pensaron los blancos. Y se acabó la cortesía futbolística.
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Entonces, Martín Vázquez y Míchel, pero sobre todo este primero, hicieron que el rumbo del choque cambiara de signo. La pelota pasó a poder madridista y el encuentro empezó a desequilibrarse al ritmo de las ocasiones. Dos seguidas de Míchel, en los minutos 15 y 25, le volvieron a hacer protagonista. La primera, resuelta brillantemente por Manolo; la segunda, repelida por el poste. El 8 del Madrid quiso entonces hacer un guiño a la historia y, desde su banda, buscó a su antiguo compañero con un pase milimétrico de los de hace diez años. Míchel para Butragueño, que deja atrás a Manolo y hace el primero. Abrazo de los que marcaron una época. La Quinta mataba a su fantasma y podía dormir tranquila el reposo del guerrero.
La segunda parte no dio mucho más fútbol, aunque la grada, entregada al calvito Dertycia, lo festejó como si fuera una final de la Champions League. El equipo local, en manos de un Jorge Valdano que volvió a ser el general de las huestes enemigas, tuvo más oportunidades, pero fue incapaz de materializarlas. El acoso a la portería del Real Madrid no dio sus frutos y el equipo blanco salió victorioso de la isla. No obstante, hay que decir que los cambios fueron desdibujando el perfil de los dos equipos y que, cada vez, había menos tensión en un amistoso de por sí relajado. A la hora del balance, el final de un mito que incomodaba a una generación que, tras el adiós de Sanchís, ha dejado el camino libre; y la recaudación de la taquilla para que Pier pueda saldar, definitivamente, sus deudas.