A LA VUELTA DE PAKISTÁN

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Acabo de llegar de Pakistán de realizar en el valle de Hushe la primera evaluación para llevar a cabo un proyecto de cooperación con los amigos de la asociación Sarabastall de Caspe. Quizás dentro de unos años, con mucho trabajo desinteresado y la ayuda de todos, logremos cambiar, para bien, las condiciones de vida de los amigos baltíes que nos han ayudado en multitud de expediciones. Espero contarles, con más tranquilidad, las míseras condiciones en las que viven estas personas, y al tiempo su dignidad, su lealtad, su nobleza.

De vuelta a España, para pasar unos días de vacaciones con la familia, apenas entiendo nada. Pongo la radio y, a pesar de poner atención, no logró entender el lío de Gescartera. Oír a la mayoría de los tertulianos, salvo excepciones, apenas ayuda a mejorar mi información sino más bien a tener la impresión de que más que un debate político, donde poner a prueba las ideas, hay un torpe intento de llevar las aguas cada cual a su molino.

Leer la prensa calma algo mi espíritu, al fin y al cabo uno siempre puede encontrar un refugio en algún artículo de fondo inteligente y perspicaz, pero no crean que tampoco la cosa está para tirar cohetes. Y si no vean: atentado en Barajas de los salvajes de siempre, accidente aéreo en Málaga, muerte del pobre Paco Rabal, declaraciones de Arzalluz en la línea de siempre: a veces pienso dónde estará el político nacionalista moderado de la transición que negoció la Constitución y el Estatuto, lo cual me lleva a la amarga conclusión de que no necesariamente te vuelves más sabio con la edad, lo que, a su vez, me sumerge en las más negras reflexiones. Luego, para abandonar estos pensamientos, me pongo la tele. Como estoy en Andalucía veo a veces la tele autonómica del lugar y la conclusión es demoledora: ¿Cómo la oposición puede ofrecer una alternativa a la televisión pública si donde mandan tienen "esto"?.

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Hubo un tiempo en que los políticos se probaban en los ayuntamientos, diputaciones, gobiernos regionales, e iban madurando para dar el salto hacia tareas más comprometidas. Algo así como lo que hacemos con los alpinistas jóvenes que vienen a nuestras expediciones, a los que vamos iniciando en expediciones más fáciles y poco a poco terminarán escalando un ochomil.

Perdónenme la comparación, y perdónenme muchos de los que dan el callo todos los días y se juegan la vida en los pueblos más olvidados del País Vasco y Navarra, pero con muchos de estos políticos no compartiría ninguna expedición. Simplemente no dan la talla. Para olvidarme de estas reflexiones oigo algo de música de mi autor favorito, Joaquín Sabina. Para colmo me entero que ha tenido un susto que ha estado a punto de ser muy serio. No hace mucho fue Carlos Cano, ahora Sabina ¿que pasará cuando no tengamos ni poetas a los que poder agarrarnos? ¿Porque no me quedaría en Hushe saboreando las montañas del Karakorum con mi amigo Karim?

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