Bragado sumó la segunda medalla
En el mediodía canadiense, nadie podía sentirse mejor que Jesús Ángel García Bragado, un madrileño de Canillejas, residente en Lleida. Para pescar el subcampeonato del mundo en 50 kilómetros marcha, Bragado ha tenido que sobrevivir a dos muertes. Una fue su fracaso en los Mundiales de Sevilla. La otra, la desgracia de la Casa de Campo madrileña.


"Ya no me gusta Madrid: me entreno en los huertos y frutales de Lleida, porque la Casa de Campo está muy deteriorada, una ruina, y por allí no se puede ir".
Bragado vive en Lleida con su esposa, la ex gimnasta rítmica Carmen Acedo. Hace los ajustes técnicos en San Cugat, con Marín, pero es un sujeto muy autodidacta. "Él y Marín son dos súperclases; tienen sus discusiones, pero se entienden", explica Gerardo Cebrián, portavoz de la Federación, que hizo una gran provisión de Coca-Colas para sus atletas. No fue suficiente para Massana, sexto, que echó de menos una bebida muy especial: "A partir del kilómetro 30, siempre necesito Red Bull. Aquí no lo he encontrado".
Colmillo retorcido. Bragado arrancó con los ojos puestos en sí mismo y en Robert Korzeniowski, el polaco que ha dominado tres de las últimas cuatro grandes competiciones. Doble campeón olímpico en Sydney, también tiene el colmillo retorcido. Si Bragado es de Canillejas, él nació en Lubaczow, un suburbio de Cracovia muy cerca de Auschwitz.
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Lipiec, uno de los gregarios polacos, controló la prueba hasta el kilómetro 25. Ahí saltó Korzeniowski, al que Bragado no perdía de vista. "Sabía que no podía irme con él; es más rápido". El madrileño era consciente de que Fadejeus y Potemin iban a pagar cara su persecución de Korzeniowski. Y, en efecto, Bragado comenzó a subir puestos: quinto, cuarto, tercero... y segundo en el kilómetro 40.
En los últimos diez, un extraño hilo unía a los hijos de Canillejas y de Lubaczow. "Aspiraba al oro, iba con la idea de contactar con Korzeniowski, pero pensé en asegurar la plata y en las dos advertencias que me habían dado, así que desistí. Pero no olvido dos cosas: ni el fracaso de Sevilla, ni que puedo ganar a Korzeniowski", resumiría Bragado. Massana, con los nombres de sus hijos Angels y Harsh (hindú, adoptado) en la etiqueta de las zapatillas acabó sexto, deshidratado y sin Red Bull. Por entonces, Bragado ya hacía flamear la bandera española por segunda vez en Edmonton, tras el tercer puesto que consiguió Niurka en longitud.