EDMONTON 2001

Alberto García, quinto en la jungla de africanos

Todos los entrenamientos nocturnos de Alberto García por las calles de Madrid no podían haberle preparado para la estrategia demoledora de los kenianos: la horda del Rift lanzó por delante a Sammy Kipketer, que cubrió el primer kilometro en 2:32.51, y los 2.000 metros en un paso atroz: 5:09.48. Eso se llama no dar cuartel.

Richard Limo soprendió en la final de 5.000.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
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Kipketer aguantó el tirón hasta pocos después de los tres kilómetros, que atravesó en 7:51.18. Alberto García, entretanto, no abandonaba las mejores posiciones del grupo de cabeza, pero sus reservas -y las de los mismísimos etíopes- sufrían con la propensión genética de los kenianos a la caza del rival... por el método de los perros cazadores de la sabana. Mientras, Viciosa era uno más en la hemorragia de descolgados. A los 3.200 metros, Kipketer capituló y el valiente argelino Ali Saidi-Sief, verdadero objetivo de la “razzia” keniana pasó al frente, haciendo alarde de coraje. Sief luchó como un valiente el acoso de otro keniano, Kibowen, hasta que, a los 4.500 metros, Richard Limo asestó un tajo selvático que desguazó a los más enteros. Ahí cayeron las aspiraciones de medalla de Alberto García, que a la vista de la meta corrió como un poseso en pos de Kibowen y en busca del cuarto puesto. Por cuarenta centésimas, el madrileño acabó quinto, cerca del récord de España, y como de costumbre entre los fondistas españoles de este Mundial, fue el primer clasificado no africano a mucha distancia del segundo, el noruego Bakken, noveno. Los españoles pueden arrasar en el Europeo 2002 de Múnich.

Así que García, en el corazón de la jungla, ganó a gente como el propio Sammy Kipketer o los etíopes Abate y Mekonnen. Atrás, Viciosa, que se autodefinió como “el garbanzo blanco”, cerro la carrera en 14:01.32, a casi un minuto de Limo. Bastante tuvo con sobrevivir, porque las intenciones de los kenianos eran tan simples como el destrozo del más pintado. Contra esa técnica de caza hay poco remedio. Y si se quiere ir de exquisito o civilizado, mejor ni salir a correr.

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