África empieza en los Pirineos
Y aquí están los españoles: Fabián Roncero al mando de la tremenda final de 10.000 metros con sólo cuatro vueltas por delante (7.200 metros, 20:22.45), rumbo a un extraordinario quinto puesto, con la escolta de Ríos, sexto.


Y, pelados como marines, al uno, Roncero y Ríos esperaron a Chema Martínez, que llegó el doce, para fundirse en un abrazo explosivo: aún tenían fuerzas...
Antes, Martín Berlanas se había dejado, literalmente, la piel y la carne del gemelo en una batalla campal con marroquíes y kenianos para agarrar el cuarto puesto en 3.000 obstáculos... con Pentinel, Penti, sexto, batiendo incluso al keniano Yator. Una cosa puede ser ganar medallas, y otra, quizá más importante, embolsar el crédito y la admiración generales. Y esto es lo que ha hecho el gran fondo español, en una jornada en la que se evidenció que los nuestros son capaces de plantar batalla real a los mejores especialistas africanos.
Correr de verdad. “Después de ganar a los africanos en Estocolmo y de ir con ellos en Roma hasta el final, sé perfectamente lo que hay que hacer cuando te enfrentas a ellos: perderles el respeto y correr mucho, correr de verdad, todo lo que puedes”, sentencia el madrileño Alberto García, que al amanecer de mañana (06:25 hora española) se las verá con una nueva remesa de kenianos y etíopes en la final de 5.000 metros.
García le perdió el respeto a los señores de la sabana y las planicies del altiplano cuando ganó la medalla de bronce en el Mundial indoor de Lisboa, y a partir de ahí...
La tarde del miércoles 8 de agosto en Edmonton resultó histórica para el gran fondo mundial en general, y para el español en particular. El Pequeño Negus y verdadero emperador de Etiopía, Haile Gebrselassie, perdía, en su reaparición tras los Juegos de Sydney (casi un año), su primera carrera en pista... desde que Daniel Komen le derrotase en la Weltklasse de 1996.
Charles Kamathi, un policía keniano con formidable talento atlético, heló la sonrisa de Gebre y el resto de la legión rasta de Etiopía en un final demoledor. Pero tras Kamathi y los tres etíopes llegaron Fabián Roncero y José Ríos, sobrados por debajo de 28:00.00. Roncero fue uno de los que estampó algunos clavos en el ataúd de Gebrselassie con sus tirones después de los cinco kilómetros: entre 6.000 y 7.000 metros de carrera, kenianos y etíopes no salían de su asombro al verse al ritmo dictado por el madrileño de los entrenamientos imposibles. Y detrás llegaba el otro marine, Ríos.
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Un poco más lejos quedó Martínez. Para hacerse una idea, Roncero (al que la maratón le queda un poco larga) y Ríos ganaron a gente tan prestigiosa como Paul Kosgei, John Cheruiyot Korir o el etíope Jifar: eso era impensable antes de llegar a Edmonton.
Todavía quedan dos balas en la recámara de las medallas: 1.500 (semifinales, 05:50 horas) y 5.000. Pero, rodeados por Gebrselassie y sus súbditos o por los más ilustres miembros de las tribus kenianas nandi, keyo, tugen y kipsigi, los fondistas españoles han demostrado ser tozudos legionarios o, en efecto, arrojados marines, que a nada temen. Falta alguna que otra medalla, pero sobran las palabras: lo suyo es una hazaña.