MUNDIALES NATACIÓN

Ian Thorpe se vengó en Japón

"Ama el agua sobre todas las cosas; por eso le dolió tanto perder ante Van den Hoogenband en Sydney. Llevaba esa derrota clavada en la piel". Así explica Doug Frost por qué su discípulo, Ian Thorpe, se convirtió en un replicante en los últimos cincuenta metros de la final de 200 libres del Mundial de Fukuoka (Japón).

Ian Thorpe se vengó en Japón
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

Caminando no sobre el sol (Walking on the sun es su canción preferida), sino sobre las hirvientes aguas de la piscina de Fukuoka, Thorpe fue más torpedo que nunca en ese imposible final de 200, en cuyo último tramo de cincuenta metros marcó 25.80 segundos, rumbo a un lunático récord mundial de 1:44.06 que destrozaba su marca anterior de los Nacionales Australianos en Hobart (1:44.61) y, por supuesto, vengaba la afrenta recibida en Sydney a manos de VDH.

En la finalísima de los Juegos Olímpicos, Van den Hoogenband nadó los últimos cincuenta metros en 27.14, para finalizar en 1:45.35. Thorpe, segundo, cubrió arrastrándose ese largo definitivo en 27.62, peor parcial incluso que el del italiano Rosolino, tercero.

Y entrenándose durante todo el invierno, Thorpe subió de kilos y de sesiones: hasta quince semanales, diez de agua y cinco de gimnasio, un trabajo que comenzaba a las 4:15 de cada mañana. Eso tampoco le impedía a Ian acudir a desfiles de Armani o conciertos de Savage Garden.

Noticias relacionadas

"Lo mejor de todo es que mis pies han dejado de crecer", ironizaba Thorpe después de una de esas clamorosas palizas. Ahora, propulsado por sus flippers, esos pies-aletas de talla 52, y generando casi 1.500 vatios de potencia, los 100 kilos de Thorpe han pulverizado a Van den Hoogenband, la maldición de Sydney, como desbordaron a Grant Hackett en el último largo de la final de 800.

Pero esas seis medallas de oro de Fukuoka no han podido -todavía- con la sombra alargada y judía de Mark Spitz.

Te recomendamos en Polideportivo