JUEGOS OLÍMPICOS | PIRAGÜISMO

Teresa Portela logra por fin su medalla olímpica: plata

La palista gallega de 39 años alcanza en sus sextos Juegos la medalla olímpica que se le resistía desde Sídney 2000 en una regata brutal.

Tokio
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Teresa Portela, la piragüista eterna de Cangas, obtuvo por fin la recompensa de la medalla olímpica en sus sextos Juegos. Nadie lo merecía tanto como ella. Con 39 años cumplidos en mayo, la gallega alcanzó la plata en el K1 200, el agónico esprint de la piragua. Los cien del agua donde bólidos con trapecios enormes hacen saltar el agua a su paso en un visto y no visto. Por delante sólo tuvo a la galáctica neozelandesa Lisa Carrington (38.120), triple campeona olímpica ya de la distancia. Es la octava medalla para España en Tokio, la 17ª en la historia del piragüismo sumando esprint y aguas bravas. 

En el canal de Sea Forest, con 35 grados calentando el casco de fibra de los kayaks, David Mascato, su marido y expiragüista olímpico, corría paralelo a la lámina de agua siguiendo la carrera. Desquiciado, con la bandera de España en la mano. Rodeado de polacos. Teri, la madre de Naira, salió como un tiro por la calle nueve dispuesta a hacer la regata de su vida. A rematar una carrera legendaria. Paleando como una posesa, con su kayak rosa rompiendo el agua a más de 140 paladas por minuto, entró segunda... pero el marcador no la situaba en esa posición. Pasaron unos segundos angustiosos hasta que se corrigió el luminoso y apareció su nombre. Plata con 38.833 y con la danesa Emma Aastrand a sólo 18 milésimas.

-"¡Mami, quiero que ganes!"

Es la frase que Naira, de seis años, le dijo a su madre antes de partir y que le dio los últimos gramos de fuerza necesarios para llevarle la plata de vuelta a Galicia. "Es la frase que tenía en la cabeza. He insistido, he persistido, nunca me rendí. Es una plata pero es como si hubiese ganado el oro", acertó a decir entre lágrimas nada más bajar al pantalán, abrazada a Mascato. Quien mejor sabe por lo que pasa un deportista de élite. El que le recuerda otra frase siempre antes de competir: "Nadie es mejor que tú". 

LÁGRIMAS EN LONDRES

Desmontando las leyes que dicen que un deportista pierde velocidad y gana en resistencia con los años, Teri siempre ha paleado el 200. En esa distancia, Portela lucía 15 medallas en Mundiales (en 14 participaciones) y 18 en Europeos. Pero los Juegos, su amor no correspondido, le habían dado calabazas. Inició su camino con 18 años en Sídney 2000. Fue quinta en Atenas y Pekín, cuarta en Londres y sexta en Río. En 2012 se quedó a 198 milésimas de subir al podio. Y sus lágrimas regaron el canal de Eton. Cualquiera lo hubiese dejado allí. Ella no.

Ya para acceder a la final, Portela tuvo que sufrir. La gallega terminó con 38.858, el mismo tiempo que la sueca Linnea Stensils. Y la espera por la foto-finish fue de infarto. Las dos entraron en la manga definitiva, que contó con nueve embarcaciones. Y en esa final, Teri por fin rompió el maleficio. Tenía que llegar su día. Brutal.