R. Sociedad RSO
1
Beñat Turrientes 61'
R. Sociedad
Finalizado
Athletic 0-Real Sociedad 1

Siempre quedará Anoeta

La Real Sociedad toma una mínima ventaja en la semifinal ante el Athletic. El estadio donostiarra tiene la última palabra en tres semanas.

Real Sociedad's Croatian defender #16 Duje Caleta Car and Real Sociedad's Spanish goalkeeper #01 Alex Remiro celebrate at the end of the Spanish Copa del Rey (King's Cup) semi final first leg football match between Athletic Club Bilbao and Real Sociedad at San Mames Stadium in Bilbao on February 11, 2026. (Photo by ANDER GILLENEA / AFP)
Alfonso Herrán
Coordinador Delegación País Vasco
Coordinador en la delegación de País Vasco de Diario AS desde 2017. En 2008 entró en Diario AS como redactor de polideportivo y desde entonces es su casa. Le gusta tocar todos los palos, pero ahora está más centrado en realizar las crónicas del Athletic y el Bilbao Basket. Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Deusto.
Actualizado a

Como dice Don Rino, no es ‘efecto Matarazzo’, es ‘efecto Real Sociedad’. El derbi atravesó la primera estación con toda la pasión que históricamente suele digerir en sus entrañas. Se despidió cerca de la medianoche, pero en realidad seguirá vigente hasta el 4 de marzo, no tiene fecha de caducidad hasta esa vuelta en Anoeta, cuando llegará la traca final para la final, valga la bendita reiteración. El primer asalto se ciñó al guion previsto, no deleitó, no fue operístico, nadie pedirá custodiarlo en un museo, pero, a cambio, resultó un pulso sin concesiones, a mil revoluciones, con emoción y fervor.

La Real consolidó su obra inacabada de diez días atrás. Tomó La Catedral y puso la primera piedra para La Cartuja. Dio el zarpazo, una herida profunda en el rostro del Athletic, al que el tópico dicta como eterno rival, pero que puede cicatrizar en el choque de vuelta... ¿o no? Habrá que tomarse un palé de tranquilizantes estas tres semanas que se vienen por delante antes del desenlace. Fue un 0-1 y gracias, porque la superioridad de los de Matarazzo volvió a ser manifiesta. Hasta alcanzaron por fin la ansiada portería a cero con el norteamericano. Falta pólvora en los bilbaínos. Padilla evitó un roto aún mayor. Con una defensa tan improvisada y agrietada, lo normal es volcar. El consuelo es que salieron vivos con la exigua desventaja.

Todo derbi, el vasco también, es una cuestión capital, no hay distensión que valga, por mucho que Athletic y Real estén debilitados por sus penurias médicas. Desde el pleistoceno las dos superpotencias de Euskadi dirimen algo más que un pulso sobre el verde: cuestiones de orgullo y estilo, distintas simbologías e identidades. Su bipartidista hegemonía no admite discusión en una comunidad autónoma donde el fútbol mueve tanto. Así que verlos en los altares de una semifinal paralizó el mundo en este rincón del planeta durante toda la jornada.

Desde que salieron por el túnel de vestuarios, los 22 protagonistas del pitido inicial estaban a mil revoluciones, con una electricidad que podía iluminar tres Bilbaos. Marín se dolió en una acción de ese sorbo inicial y disparó la alarma en el banquillo visitante, pero siguió porque perderse una cita así está prohibido. ¡Y qué recital ofreció! Nadie concedía ni un metro. El Athletic salió como en sus tiempos más fieros, presionando muy arriba. Una jauría se echaba encima de aquel que intentaba conducir la pelota más allá del metrito como distrito permitido. Así que el paisaje pronto se hizo familiar, como en otros muchos derbis: robos, cambios de posición continuos y espíritu de no cometer ni un error.

El pulso era efervescente, no daba tregua, ni una pausa. Y el ingrediente de la polémica nunca puede faltar. En el minuto 20, Soler pegó al suelo dentro del área y cayó ante Jauregizar, que se apartó ante un posible riesgo de penalti. No hubo nada, pero la caldera txuri-urdin desbordaba. Fue el comienzo de la andadura por ambas áreas. Lekue dio réplica en el otro lado con un autopase y centro a Guruzeta, que cabeceó a las manos de Remiro. La Real volvió a leer muy bien el choque, como una semana y media antes. Primero bajó pulsaciones. Y luego salía al primer toque, descargando de cara para darle rápido. Así rompía la primera línea de presión y permitía situaciones como un contragolpe de Marín, que se plantó en solitario ante Padilla en una ocasión clarísima, un uno contra uno, aunque el extremo, omnipresente, estrelló la pelota en su último obstáculo con guantes. Lo mismo pasó a Martín después tras un saque de falta de Soler. El propio Guedes tuvo un disparo tras un paseo por la frontal del área y asociación con Oyarzabal que se le marchó fuera.

La Real empezó a manejar la pelota, la brújula y las sensaciones. Otra vez generaba mucho y, pese a su notable siembra, recogía poco, bueno, nada. Los disparos del Athletic eran cómodos para el portero, como uno tenue de Navarro desde la media luna. El ambiente se tornó volcánico, irrespirable, se afeó definitivamente, en el suspiro final del primer tiempo. Primero por una mano clara de Laporte en un remate de Caleta-Car en un córner. Tras un instante de nerviosismo, con todos pendientes del VAR, el colegiado descartó el punto fatídico por considerar que era el brazo que más cerca tenía del cuerpo, en posición algo así como natural. Luego llegó un rifirrafe de Adama con Aramburu, similar al de Brais con Paredes el día 1 de febrero, pero, como le empujó y no le dio en la cara, Sánchez Martínez lo resolvió de una manera muy diferente, con un ‘sigan, sigan, que no hay nada que pitar’. Una lástima un broche así en un primer tiempo disparado en cuanto a pulsaciones.

La segunda parte acentuó la impresión de que la Real tenía las llaves del primer capítulo de la semifinal. Navarro estaba demasiado pendiente de Aramburu y el equipo local andaba muy empadronado en su parte del campo, con enorme distancia entre la zaga y la delantera. Oyarzabal tuvo el mazazo, pero se lució Padilla. Tampoco acertó Marín con el rechace, ya que envió al poste, aunque estaba en posible fuera de juego. Valverde dio la vuelta al calcetín masivamente, con cuatro cambios, al aproximarse a la hora de juego. Parecía Ponsarnau con el Bilbao Basket y sus tradicionales rotaciones masivas. Mudó más de un tercio del equipo, metiendo a Galarreta para volver a patrocinar la pelota y a Selton y los Nicos, Williams y Serrano, para ganar altura. Un electroshock en toda regla que no surtió efecto.

Curiosamente, con tanto que pitar, no hubo tarjetas en ese candente primer acto, llegó una amarilla en el segundo por simular, supuestamente, un penalti Guedes ante Lekue. Las tornas parecían cambiar, porque los leones se venían arriba. Y en ese momento, cuando peor estaban los txuri-urdin, movieron el marcador a su favor. Error clamoroso de los bilbaínos en la salida del juego, con un mal entendimiento entre Selton, Galarreta y Jauregizar... robo de la Real y pase muy bien filtrado de Soler a Guedes, al que hizo penalti Padilla, pero tuvo el recurso de centrar a Turrientes, que solo tuvo que empujarla a la meta. Estuvo estelar el pivote, un enorme ejercicio de madurez. Estos fallos se pagan caros. Explosión de júbilo donostiarra. Dejó tocado al Athletic ese tortazo. El equipo no deleita, no es operístico, y concede demasiado a sus rivales. Necesitaba mil pases para superar una línea. Y le quedan dos hileras más. Se lo remataban todo en el balón parado y los donostiarras crecían desde ese 0-1.

Buscó la luz el cuadro de Valverde con todas sus fuerzas, con más corazón que cabeza. Como un cabezazo de Nico, que se fue cerca del poste de Remiro. El arrebato final fue un despelote, sin centro del campo y con demasiada fiebre por llegar al área contraria, con los jugadores cayendo por todas partes y el árbitro en huelga. A la Real le interesaba que pasara poco y aquello era como una de las entregas de la saga de Misión imposible, un ir y venir, no le convenía. A algo de eso pero al contrario se aferra el Athletic, el príncipe de Copas, porque el Barça es el rey. A una misión posible hacia Sevilla que no se convierta en milagro. Que se lo digan al Espanyol en 2015, hace nada, que bailó en la ida de semifinales en La Catedral y se vio abrumado por los leones en Barcelona.

Noticias relacionadas

La Real ya ha roto cinco años sin ganar en casa del vecino, desde 2020 y en medio de aquella maldita pandemia. Se frotan las manos, mientras en la otra orilla de la AP-8 se ven cuesta arriba y empieza ya la conjura, aunque no se han impuesto en sus nueve recientes visitas al feudo realista, todas ellas en Liga. Hay que remontarse al 12 de marzo de 2017 para encontrar el último triunfo, un 0-2 con goles de Raúl García e Iñaki Williams. La Real pegó primero y San Sebastián tiene la última palabra, la sentencia definitiva. Siempre quedará Anoeta.

¡Tus opiniones importan! Comenta en los artículos y suscríbete gratis a nuestra newsletter y a las alertas informativas en la App o el canal de WhatsApp. ¿Buscas licenciar contenido? Haz clic aquí

Athletic
R. Sociedad

Cambios

Selton Sánchez (55', Unai Gómez), Nico Serrano (55', Robert Navarro), Nico Williams (55', Iñaki Williams), Íñigo Ruíz de Galarreta (55', Alejandro Rego), Aritz Elustondo (73', Jon Aramburu), Orri Óskarsson (73', Beñat Turrientes), Mikel Vesga (81', Mikel Jauregizar), Yangel Herrera (84', Carlos Soler), Álvaro Odriozola (84', Pablo Marín), Job Ochieng (94', Gonçalo Guedes)

Goles

0-1, 61': Beñat Turrientes

Tarjetas

Arbitro: José María Sánchez Martínez
Arbitro VAR: Mario Melero López, Daniel Jesús Trujillo Suárez
Gonçalo Guedes (57',Amarilla), Álvaro Odriozola (63',Amarilla), Ruiz de Galarreta (64',Amarilla), Matarazzo (93',Amarilla), Oyarzabal (95',Amarilla)

Etiquetado en:
Comentarios
Normas

Rellene su nombre y apellidos para comentar

Te recomendamos en Fútbol

Productos recomendados