CD Castellón

Pablo Hernández, de repartidor de muebles a técnico revelación

El castellonense, siempre ligado al conjunto ‘orellut’, aprendió de Marcelo Bielsa durante su estancia en el Leeds United con el que consiguió un ascenso a la Premier.

Pablo Hernández.
CARME RIPOLLES
Actualizado a

Pablo Hernández Domínguez (Castellón de la Plana, 11 de abril de 1985) siempre supo que su vida estaría marcada por Castalia. Su relación con el Castellón no empezó cuando debutó, ni cuando se convirtió en ídolo, ni siquiera cuando regresó como futbolista veterano; empezó mucho antes, cuando su abuelo materno era sereno del estadio y su familia vivía debajo de la Torre Maratón. Su madre jugaba en el antiguo Castalia, y él, desde los dos años, recorría las gradas junto a su padre como un aficionado más. Antes de ser futbolista, antes de ser referente, antes de ser entrenador, Pablo ya era orellut por herencia y convicción.

Sus primeros pasos fueron en el Rafalafena, donde empezó a jugar con solo cuatro o cinco años. Su padre entrenaba a un equipo dos años mayor y, como no tenía ficha, lo colaba “con alguna trampa” para que pudiera jugar. Más tarde ingresó en la cantera del Castellón, pasando por todas sus categorías: alevín, infantil, cadete y División de Honor. En aquella etapa coincidió con Paco Montañés o Xisco Nadal y fue dirigido por el mítico Manolo Clares, que siempre hablaba de él como un talento diferente.

Pablo Hernández, de repartidor de muebles a técnico revelación
Pablo, el segundo niño de la fila de abajo por la derecha. A su derecha, con chándal verde, su padre.

La suya, sin embargo, no fue la típica historia de niño prodigio camino recto a la élite. Cuando jugaba cedido en el Onda, en casa la economía no pasaba por su mejor momento. Por las mañanas repartía muebles por la provincia en furgoneta y por las noches entrenaba. Ganaba más repartiendo que jugando al fútbol, y parecía que esa sería su vida. Pero sus padres insistieron en que debía centrarse en su sueño, y en apenas año y medio pasó de estar trabajando para llegar a fin de mes… a debutar en Primera División con el Valencia.

Pablo Hernández, de repartidor de muebles a técnico revelación
Pablo Hernández, con las categorías inferiores del Castellón.

En el club che permaneció de 2005 a 2012, pasando por la cantera junto a futbolistas como David Silva y acumulando cesiones en Cádiz y Getafe, al que llegó por un millón de euros. Esa etapa la coronó con la llamada de la Selección en junio de 2009. Debutó ante Sudáfrica en la Copa Confederaciones y llegó a marcar en un amistoso contra Austria, cumpliendo otro sueño inesperado para quien, pocos años antes, repartía muebles en furgoneta.

Pablo Hernández, de repartidor de muebles a técnico revelación
Pablo, en el partido amistoso contra Austria en el que marcó con la Selección.CARLOS MARTINEZ

Su primera gran aventura internacional llegó en 2012, cuando el Swansea City pagó siete millones por él. En Gales ganó la Copa de la Liga y después puso rumbo a Catar, fichando por el Al-Arabi y posteriormente por el Al-Nasr, con el que conquistaría dos títulos más. En 2015 regresó a la Liga para jugar en el Rayo Vallecano y, poco después, se abrió ante él una puerta que cambiaría su carrera para siempre: el Leeds United.

En Inglaterra, primero cedido y luego ya en propiedad, Pablo se convirtió en una figura legendaria del club. Sobre todo tras la llegada de Marcelo Bielsa, de quien absorbió gran parte de su visión futbolística actual. El argentino, con su metodología inflexible y sus ideas extremas, lo marcó de por vida. Fue allí donde experimentó prácticas que ahora aplica como entrenador, como recoger basura en la ciudad deportiva para entender el sacrificio de los aficionados. Su gol al Swansea en el minuto 89, clave para el ascenso a la Premier League, sigue recordándose en Elland Road. Incluso hoy, los aficionados aún entonan su cántico y un mural en su honor decora la ciudad.

Pablo Hernández, de repartidor de muebles a técnico revelación
Pablo celebra un gol con el Leeds.ED SYKES

Pero mientras triunfaba en Inglaterra, sufría viendo cómo el Castellón se desangraba entre deudas y una gestión nefasta. Desde la distancia se unió a Ángel Dealbert y Vicente Montesinos para arrebatar la entidad de las manos de David Cruz y Castellnou, y devolverla a la vida. Incluso vivió el ascenso a Segunda B desde un área de servicio en Londres, sin tiempo para llegar a Castalia porque al día siguiente arrancaba la pretemporada con Bielsa.

Su regreso a casa se confirmó en 2021. Firmó tres temporadas con el Castellón para terminar su carrera donde todo había comenzado. Fueron dos años emotivos, de romanticismo puro. En la primera campaña el equipo luchó por evitar el descenso; en la segunda rozó el ascenso a Segunda, quedándose a un paso tras caer en Alcorcón después de eliminar al Deportivo en semifinales. Fue entonces cuando decidió colgar las botas, con más de 600 partidos en su trayectoria, para pasar a ser embajador y asesor del club. Desde la sombra acompañó a Dick Schreuder y se sacó los títulos de entrenador, preparando lo que vendría después.

En la temporada 2024-25 tomó las riendas del filial en Tercera Federación y lo llevó al ascenso a Segunda Federación. Ese trabajo le valió ser nombrado técnico interino del primer equipo en septiembre de 2025 tras la destitución de Johan Plat. Cinco meses después ha obrado un pequeño milagro: de la zona de descenso, el Castellón ha pasado a ocupar puestos de ascenso directo a Primera División, firmando números que lo colocan ya entre los mejores entrenadores de la historia de la categoría.

Su estilo bebe de sus maestros. Bielsa, por encima del resto, pero también Laudrup, Emery y el propio Schreuder. Un modelo de presión, valentía y energía, pero con un equilibrio defensivo mayor que el de sus referentes. Una mezcla propia que en Castalia ha encontrado su forma más reconocible.

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Pablo Hernández fue niño sin ficha, repartidor de muebles, internacional con España, héroe en Leeds, salvador del Castellón y ahora entrenador revelación. Pero por encima de todo eso, siempre fue ‘orellut’. Y quizá por eso, más que un regreso, lo suyo parece simplemente que la vida lo ha colocado donde siempre estuvo destinado a estar.

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