Racing

El éxito del líder: su contable no prioriza el dinero

Pese a las urgencias cuando llegaron en 2023, Ceria apostó junto a Higuera por la paciencia y la retención de talento: sólo se vende previo pago de la cláusula.

Alfredo Matilla
Redactor Jefe
Nacido en Alcázar de San Juan (Ciudad Real, 1982), es redactor jefe. Licenciado en Periodismo, entró en AS en 2005, donde pasó por la sección del Madrid, fue Delegado en Cantabria (2008-2012) y jefe de sección de AS.com (2012-2022). Tras su paso por Relevo, regresó a casa en 2026. Es Máster en Psicología Deportiva y autor del libro 'Por si acaso'.
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Las casualidades en el fútbol cada vez tienen menos cabida. El Racing, hace nada, estuvo donde estuvo vagando por el infrafútbol por la mala gestión de un buen ramillete de directivos entre los que destacaron Francisco Pernía, Ali Syed, Harry y varios condenados más. Así, pasó de disputar la UEFA en 2008 a la Primera Federación en sólo cinco años. El Racing, hoy, está donde está como líder de Segunda que ya avista la Primera por el sentido común y la paciencia de sus actuales dirigentes. Los números hablan por sí solos. Económicamente dio beneficios el curso pasado y ya es sostenible tras años de angustia, deudas acumuladas y agujeros vergonzantes. Deportivamente cuenta con siete puntos de ventaja con el tercero que marca el ansiado ascenso y 12 respecto a la frontera del Playoff.

El éxito siempre tiene muchos padrinos. Pero hay dos personas por encima del resto —entrenador y estrellas incluidas— que han sido los encargados de diseñar una hoja de ruta que, además de exitosa, destaca por valiente. La amistad de sus esposas, llevaron a Sebastián Ceria (Buenos Aires, 1965) y a Manolo Higuera (Santander, 1964) a hacerse con el 75% de las acciones en julio de 2023 y, pese a que había unas enormes urgencias económicas con un Concurso de Acreedores de por medio, decidieron que el cortoplacismo únicamente trae consigo estrés, decisiones precipitadas y frustración. Su plan, uno como dueño y otro como presidente, era y es a medio y largo plazo.

Cuando aterrizaron en El Sardinero las pérdidas eran de dos millones de euros por campaña y el límite salarial de la primera plantilla, por poner un simple ejemplo, era de 4,6 millones de euros cuando el presupuesto en nóminas se elevaba hasta los 7 en ese vestuario. Sin embargo, la toma de decisiones regateó a los primeros y humanos impulsos y primó cuidar por encima de todo el producto. Sólo así se revalorizaría. Y eso que ahí sigue pendiente una deuda de más de 20 millones con Sebman, la empresa de los propios propietarios. Sin embargo, los abanderados de este Racing no tienen prisa por cobrarla, no la reclaman y lo que se ingresa en estos momentos (6,5 millones de euros por tele entre otras partidas) se están invirtiendo en mejorar el club, no únicamente la plantilla. Ahí está el césped o la pinta que ahora tiene La Albericia. De hecho, hicieron una ampliación, convirtiendo parte de la deuda en capital, porque ni siquiera hay problema en deber siempre que exista el equilibrio.

Sin ir más lejos, y contradiciendo la habitual norma de proceder del típico dueño que acaba de llegar con ganas de actuar, dieron su confianza el técnico que habitaba el banquillo, José Alberto. Pese a que fue un fichaje ajeno. No sólo lo renovaron hasta 2026 sino que, en cuando pudieron, volvieron a alargarle la vinculación con el Racing hasta 2028 pese al enfado de parte de la afición que culpaba al asturiano de los gatillazos cuando ya se veían de nuevo en la élite. Era un gesto de confianza y justicia. Y, sobre todo, un guiño a los jugadores que le adoran. Si él seguía, había muchas opciones de retener a los pilares que acariciaban año a año la proeza del ascenso. Pese a las numerosas ofertas que iban llegando por los futbolistas más destacados, el club sólo abría la puerta de salida si el interesado pagaba la cláusula de rescisión. Así sólo se fueron Peque (al Sevilla por 4 millones) y Jeremy (al Stuttgart por 7,4).

Cuando Ceria e Higuera llegaron, dijeron que sólo venderían si el director deportivo (antes Mikel Martija y ahora Chema Aragón) se lo pedían en consonancia con el entrenador. Y han cumplido. A Íñigo Vicente le quiso el Santos hace dos veranos y renovó hasta 2030. El Depor hizo todo lo posible por atar a Arana hace unos meses y continuará hasta 2028. Arabia Saudí fue con todo a por Salinas y tiene contrato hasta 2029. Misma respuesta que se encontró Ucrania con Yeray, que lo máximo que consiguió es ser cedido al Andorra para foguearse. ¿Y qué decir de la reacción con el pichichi Andrés Martín? Sus agentes tienen importantes propuestas desde hace un par de temporadas (Levante, Osasuna...) y desde el club se les dijo amablemente lo mismo que a los demás pretendidos a los que les sobran las novias: cláusula o nada. El andaluz tiene contrato hasta 2028 después de una laboriosa compra al Rayo Vallecano.

El éxito del líder: su contable no prioriza el dinero
De izquierda a derecha, Manolo Higuera, Chema Aragón y Sebastián Ceria.NC PHOTO

Habrá que piense que la propiedad apuesta por esta estrategia de retención de talento porque se lo puede permitir. Y en parte puede que así sea. Sebastián Ceria, matemático de formación y filántropo como obsesión, no tiene estrecheces. Vendió su empresa (Axioma) hace siete años por 850 millones de dólares y en la actualidad ha pasado de vivir en Londres y acudir a los Campos de Sport cada quince días a afincarse en Madrid y estar más cerca —y en más ocasiones— de un club donde se desvive con su Fundación. Entre el pago del paquete accionarial que adquirió y la asunción de la deuda que el club tenía con los anteriores dirigentes, ya ha puesto en torno a 37 millones de euros. Y eso que la ayuda institucional no siempre ha sido la deseada...

Pero a él no le gusta sacar pecho por eso. Prefiere hablar de los exjugadores que volvieron a casa para trabajar con la base (Colsa, Bedia, Picón…) como ya hacía Ceballos, la obra social a la que siempre da sustento o el proyecto del nuevo estadio que ya está en marcha. Si acaso, Ceria, como Higuera, no escatima adjetivos cuando le toca referirse al cambio de tendencia al transformar una pesadilla en un sueño: si antes todo el mundo en el Racing quería salir corriendo por patas, ahora nadie se quiere marchar ni del primer equipo ni del filial ni del juvenil. Y lo mejor: no hay nadie de peso transferible.

Esos son los datos que más importan a los actuales contables. Pero no los únicos, porque cuentan que Ceria tiene sus querencias por la formación que siempre asoma: aspira a la aplicación estadística en el Racing. Por eso lleva tiempo tratando de estudiar la predicción de lesiones, cómo manejar el mercado y de qué manera aplicar la Inteligencia Artificial en el día a día de la entidad. Todo tiene un método y unos tiempos. Así se lo contó nada más llegar al que firma en el Hotel Real: “No pienso en el resultado financiero porque me convencí con mi propia empresa y la experiencia. Si tú haces las cosas bien y tienes un proyecto a largo plazo, eventualmente la parte financiera se arregla. Tienes que ser responsable y saber manejar las cuentas. No puedes ponerte a lo loco a comprar jugadores o a tirar el dinero. Las cuentas, siempre equilibradas. Un negocio es como subir el Everest. Hay que mirar a largo plazo e ir subiendo escalones. Lo que pasa es que en el fútbol la gente se tienta. Es el juguetito nuevo de los millonarios y tiran dinero. Y es una cosa de negocios básicos”.

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Desde que llegó a la tierruca, Ceria siempre ha repetido que su filosofía y la de Higuera no es cuestión de un solo día. Un pensamiento de hace unos dos o tres años que, según los que le tratan, poco o nada habrá cambiado: “Algún día vamos a subir a Primera [hace 14 años de la última vez] y lo que garantizo es que, cuando subamos, nos verán a nosotros dos ahí. Creemos en eso y lo importante no es sólo subir sino generar un proyecto sostenible en Primera. No queremos subir para después volver a bajar”. Por eso, su deseo a modo de chascarrillo de ubicar el palco en mitad de La Gradona —el fondo que más alienta— ya ni se descarta. Visto lo visto, con Iñigo Vicente y Andrés Martín como pareja de moda y con una dirección deportiva que todo el mundo pone de ejemplo, lo llevarían en volandas.

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