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REAL VALLADOLID

Así minimizó el Real Valladolid al Leganés

El conjunto de Pezzolano disparó al pepinero más que nadie y consiguió neutralizar, entre otras cosas, su fortaleza en los duelos.

Actualizado a
VALLADOLID. 17/11/23. PHOTOGENIC. REAL VALLADOLID - LEGANES.
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Real Valladolid y Leganés encontraron sus caminos en Zorrilla, donde los unos frenaron la racha de cinco victorias seguidas de los otros y los otros los cinco triunfos consecutivos como locales de los unos. La igualada se produjo en un choque de altura del que los blanquivioletas habrían salido ganadores a los puntos si fueran unos jueces quienes determinaran el reparto con base en valoraciones objetivables, como sucede en el boxeo. No es, sin embargo, el líder un equipo fácil de doblegar.

Posesión radicalizada

Uno de los primeros aspectos a tener en cuenta es que, estando bien definidos los roles con y sin balón, estos se extremaron en lo que a posesión se refiere. El conjunto vallisoletano tuvo el esférico un 66% del tiempo, una cifra que igualó la obtenida ante el Espanyol en Cornellà y que se quedó solo por detrás del 71% del partido frente al Mirandés y del 72% del choque ante el Alcorcón. Por su parte, los madrileños solo tuvieron menor el cuero frente al Andorra (22%) y contra el Eibar (32%). Mucho más tiempo del que es habitual para ellos lo pasaron en bloque bajo.

Disparos sobre la portería del Lega

Otro de los datos a tener en cuenta es el de disparos ejecutados y recibidos, y es que mientras el Pucela solo tiró más ante Alcorcón (28) y Efesé (22), nunca al Lega le habían lanzado más de 20 veces, y hasta en 21 ocasiones lo hizo su rival el viernes. De todas ellas, solo fueron tres a puerta, un dato que mejoran los blanquivioletas en otros encuentros y más sufrido por los pepineros ante rivales como Mirandés (6), Elche (5) y Andorra (4). Las ocasiones, sin ser cuantiosas, existieron, al menos en una primera mitad en la que el Real Valladolid pudo obtener una mejor renta.

Dominio de las disputas

Buena parte de lo que pasó tuvo que ver, una vez más, con la batalla por el balón. En este sentido, los de Pezzolano estuvieron mejor que nunca; volvieron a demostrar que conforman uno de los equipos más intensos en las disputas de toda la categoría, concretamente el segundo a nivel porcentual (52,76%, solo por detrás de Real Oviedo, que tiene un 52,87%) y el cuarto a nivel numérico (842). No está entre los equipos ‘top’ el Leganés en esto, pero nunca había perdido la batalla por más de ocho duelos, del mismo modo que nunca su rival había desequilibrado tanto una balanza hasta llevarlo al 64-37 que reflejó.

Actuaciones individuales

Si Iván Sánchez, Juric o Monchu ganaron prácticamente todos los duelos en los que intervinieron, a estas cuestiones determinantes para que la sensación fuera de dominio por parte del Real Valladolid, incluso en aquellos en los que amenazó menos, hubo que sumar otras, como que entre Kenedy, Raúl Moro e Iván Sánchez completaron hasta 14 regates, hasta ocho blanquivioletas estuvieron por encima del 85% de acierto en el pase... A cambio, de Franquesa, Dani Raba o Miguel de la Fuente apenas se vieron retazos, viéndose el Lega quizás demasiado mermado por las ausencias de Chicco, Yvan Neyou y Cissé.

Igualdad en la pizarra

Sucede, sin embargo, que el fútbol no es una ciencia exacta. Después de la que quizás fuera la mejor primera parte del Real Valladolid en todo el curso, el Leganés se encontró mejor en la segunda a partir de un ajuste. Aunque de inicio pareció que los dos entrenadores habían ido con todo su arsenal y habían dispuesto de sus mejores onces, Borja Jiménez se guardó una bala en la recámara, la de Djouahra, que inquietó a las espaldas de los volantes en la segunda mitad, lo que les dio más vuelo, aun sin amenazar en demasía, y llevó a Pezzolano a meter a Meseguer como contrapeso. Cuando puso en liza el as que tenía en la manga, Joni Montiel, el exentrenador del Promesas introdujo a Nyom para minimizar riesgos. Para entonces, la verticalidad de Sylla había puesto en riesgo al líder, salvado por una pelota parada y, en definitiva, por la pizarra, donde la igualdad fue mayor que en todo lo anterior.

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