Vini y Mbappé, otra pareja que (por ahora) no casa
Han fabricado juntos el 6% de los goles. Técnicos y expertos analizan una relación que evoca a otros dúos sin maridar. Un psicólogo da la receta para mejorar.


A principios de siglo, una serie saltó a la televisión pública con el nombre de Escenas de Matrimonio que bebía de la obra teatral Matrimoniadas. Constaba de una secuencia de sketches que dibujaba una realidad que se da de igual manera en casa y en el verde. Hay parejas, que aunque lleven años juntas, o que incluso estén condenadas eternamente a convivir bajo el mismo techo, no se entienden. Lo que escenificaban Pepa (encarnada por la actriz Marisa Porcel) y Avelino (Pepe Ruiz) no es ni más ni menos lo que siempre le ha sucedido, sin aparente explicación, a muchos socios de delantera. Vinicius y Mbappé protagonizan otro caso en el que la suma de dos grandes individualidades no da como resultado algo mejor, ni cuantitativa ni cualitativamente, por la simple acumulación de talento. El fútbol no es una ciencia.
Un dato aislado quizás no refleja nada. En Múnich, por ejemplo, Vinicius asistió a Mbappé en el 2-3 y, en principio, nadie se atrevería a cuestionar esta semana su relación en el campo. Sin embargo, los números generales de dos años mano a mano son demoledores. Como sociedad, más allá de la duda de su implicación en defensa y de que se vuelvan a encontrar frente al Alavés, hasta ahora han fabricado únicamente el 6% de los goles del Madrid en este tiempo. Mbappé le ha dado cuatro asistencias de gol a Vinicius y el brasileño, 12 al francés. Parece bastante poco, teniendo en cuenta que son 16 dianas de las 259 logradas en total en 117 partidos. Se buscan menos de lo que a su entrenador le gustaría. Suman 723 conexiones en dos temporadas (383 pases la pasada y 340 ésta) en 6.093 minutos. Es decir, la campaña pasada se la pasaban una media de 5,6 veces por partido, cada 9 minutos; y ésta, pese a mejorar, lo hacen en 6,9 ocasiones y cada 7,8’.
En Valdebebas, donde la mayoría de técnicos coincide aunque nadie quiere elevar la voz ante una cuestión de Estado, centran el problema en la pizarra: “Vini y Kilyan son dos grandes jugadores, pero estando juntos se estorban muchas veces”. La periodista June Lavín coincide: “La fricción táctica entre ellos no nace de la falta de entendimiento, sino de la coincidencia: son demasiado parecidos para convivir de forma natural en los mismos espacios. Ambos tienen la banda izquierda como punto de partida ideal, desde donde aceleran, encaran y atacan el carril interior, lo que termina por convertir una misma zona en territorio compartido, y eso, al final, genera más dudas que certezas en un equipo en el que, además, falta fútbol. Ninguno es un delantero de referencia ni un perfil asociativo o de presión sostenida, sino futbolistas explosivos, verticales y excesivamente dependientes del espacio”.
Y añade: “El precedente de Mbappé con Neymar en el PSG ayuda a entenderlo: tras un inicio de jerarquías y solapamientos, acabaron encontrando mecanismos de convivencia que elevaron la producción ofensiva, aunque sin una simbiosis perfecta. Con Vini, sin embargo, el reto parece mayor, porque no se trata solo de dos estrellas compartiendo zonas favoritas, sino de dos futbolistas que atacan el mismo espacio, de la misma manera y con la misma lógica. Dos años después, y tras la eliminación en Múnich, la ecuación sigue sin resolverse. Y lo ocurrido en el campo, de momento, no invita a pensar que vaya a hacerlo pronto”.
Siendo casualidad o no, el Madrid tiene mejor porcentaje de victorias cuando Vinicius y Mbappé no juegan juntos, ya sea porque han faltado ambos por diversos motivos o simplemente debido a que se ha ausentado uno de ellos: 69,3% (34 triunfos en 49 partidos) por 61,7% (42 en 68 duelos). También tiene mejor media de goles a favor cuando no coinciden (2,3 tantos por encuentro) que cuando lo hacen (2,08). Y, además, encaja menos sin la pareja (1,1 goles de media) que con ella al frente (1,2). Es más, como señalaron Lorenzo Calonge y David Álvarez en su minucioso estudio publicado esta semana en El País, Vinicius venía sonriendo en los últimos partido y ha vuelto a las andadas. En los partidos en los que el francés anduvo lesionado hizo cinco goles. En cuanto éste volvió, el brasileño se ha quedado secó de manera consecutiva hasta en cuatro ocasiones.

Miguel Ángel Portugal, que de táctica y del Real Madrid sabe algo como futbolista que fue y entrenador que es, disecciona un problema al que no puso solución Ancelotti, Xabi Alonso ni ahora su alumno aventajado en el Castilla Arbeloa: “El maridaje de divos no es fácil. Los egos no son sencillos de gestionar, pero en el Madrid se le busca demasiado tres pies al gato cuando la pelota está en juego entre Mbappé y Vinicius. Son egoístas los dos, pero el hecho de no pasarse la pelota el uno al otro en determinados momentos no va en aras de no dar notoriedad al otro. Más bien va en aras de su egoísmo. Se ha visto que en ocasiones uno a asistido al otro. Hay veces que se buscan y se pasan. Pero son tan egoístas que tiene que estar muy clara la asistencia al compañero para que el poseedor no tome la iniciativa propia y culmine él la jugada. Es un tema más de egos que de maridaje”.
Portugal, a sus 70 años y con 16 clubes dirigidos a sus espaldas, está acostumbrado a que estas cosas pasen: “Para eso están también los análisis del partido donde los entrenadores exponemos a los jugadores aquellas acciones buenas para valorizarlas y potenciarlas y ver las que pudieran ser corregibles o mejorables. Cada jugador con el balón en los pies tiene las soluciones en el campo que debe escoger. Elegir la mejor te hace grande. Elegir la tuya, cuando hay otra mejor, te hace egoísta. Y esas opciones se analizan. La mejor manera de corregir es que el jugador sepa corregirse a sí mismo. Si no está convencido de que lo que hizo no era la mejor opción es difícil de corregir. Se necesita diálogo”.
No son los únicos
De igual manera que Di Stéfano y Puskas, o Hugo Sánchez y Butragueño, hicieron historia en Chamartín y conectaban sólo con mirarse, hay otras sociedades que se generaron sobre la marcha por arte de magia, fuera en la posición que fuera —como la de Busquets y Xabi Alonso en el Mundial de Sudráfrica—, o que por contra se repelen. Santillana ya tuvo algún roce con el propio Hugo. Y Zidane se quejó amargamente en sus inicios en el Bernabéu a Florentino Pérez de que Figo y Raúl no se la pasaban. La falta de feeling no es sólo cosa de Vinicius y Mbappé. El dinero no compra la sintonía. Y eso preocupa a los presidentes que firman a las mejores estrellas con el objetivo de levantar constelaciones y, sobre todo, con el ánimo de recrear para sus aficionados tándems conmovedores como el que aireaban Van Basten y Gullit en el Milán y Holanda, o el de Bebeto con Romario en Brasil. Unas veces se consigue. Como Florentino con Cristiano y Benzema. Y otras, como ahora, se añora hasta la conexión de Futre con Manolo en el Atlético, la de Munitis a lomos de Zigic en Santander o la de las parejas que cada aficionado tendrá en mente en estos momentos, porque ejemplos sobran, alrededor de sus equipos del alma.
La historia en España y en el extranjero está repleta de decepciones. “Lo que pasa en el Madrid todo se magnifica. Les pasaría igual a Vini y Mbappé si al que tienen que pasar fuera otro. Y eso no se ve de la misma forma”, señala Portugal. En Italia podrían darse conferencias al respecto para explicar por qué no cuajaban o cabían juntos Rivera y Mazzola en los 70′, Giannini y Baggio después o Totti y Del Piero en la era moderna. Al igual que harían en Inglaterra para explicar que no haya acomodo habitual para Foden. Y Messi, igual cuando se retire, también podría detallar cómo él mamó de una selección argentina donde no casaban Aimar y Riquelme o cómo, siendo el rey del Balón de Oro, se le atragantó Ibrahimovic, le costó hacer migas en el balcón del área con Griezmann o envió a Villa a la izquierda para que cada uno tuviera su espacio. “En el Barça ya estaban acostumbrados tras el serial Luis Suárez-Kubala que dividió a la afición, hasta el punto de que el entrenador decidió poner en casa a Kubala y fuera a Suárez porque juntos no mezclaban”, recuerda el profe Enrique Ortego. Quizás por estas cosas, tridentes como la MSN o la BBC nacieron en nuestros tiempos para solucionar los problemas de pareja.

Ricardo de la Vega, doctor en Psicología y experimentado ayudante en el aspecto mental en el deporte de élite, confirma que el enredo se puede abordar: “No hay que caer en análisis mentalistas del tipo ‘Mbappé no se lleva bien con Vinicius’ o viceversa. Sería entrar en un terreno donde la psicología científica poco podría decir. Donde sí hay que entrar es en el análisis funcional de las interacciones entre los dos. Es decir, en cómo acoplan funcionalmente su nivel de rendimiento. Cuando esas relaciones no se dan, es porque no están reforzando, no están encontrando discriminativos, uno en el otro. Esos discriminativos no son más que, cuando uno detecta una situación estimular, pensar ‘éste me la va a pasar...’. Se refuerza automáticamente cuando el jugador recibe el pase que esperaba. Y así aumenta la probabilidad de que la próxima vez se vuelva a hacer lo mismo. Si eso no sucede así, sino que actúa como un castigador cuando el compañero debería pasártela y no se la da, entonces disminuye la probabilidad de que vaya a suceder esa siguiente conducta. Y es un problema”.
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De la Vega, va más allá del análisis. Y al menos da esperanzas al madridismo. Mbappé tiene contrato hasta 2029 y Vinicius pinta que renovará bastantes años más, por lo que están obligados a remar juntos. “Estas relaciones no sólo se producen, sino que hay trabajarlas. ¿Cómo? Generando un contexto donde, en el entrenamiento, esos discriminativos, esos estímulos, sirvan para ver cómo el otro compañero pueda aumentar la probabilidad de mejorar el rendimiento. Por ejemplo, explicarle ‘siempre que llegues a esta zona busca un pase interior así, y a esta zona, para encontrar al otro delantero’. Y conforme lo hace irá reforzando ese círculo y ese análisis comportamental. Todo es entrenable. Los psicólogos deportivos ya nos centramos, de la mano de los entrenadores, en esos conjuntos comportamentales. Se detectan y se pueden mejorar”. Lo que la palabra no pudo cicatrizar con Pepa y Avelino en esas tertulias de cama, igual lo logra aquí el balón a partir de esta misma noche... O en el futuro, con un nuevo entrenador.
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