Barcelona

Super-Raphinha se vuelve humano

La versión extraterrestre de la temporada pasada ha desaparecido. Los problemas físicos están condicionando su rendimiento, que sólo ha sido brillante en diciembre y la Supercopa de enero.

Raphinha, en el calentamiento del partido contra el Newcastle.
ADAM VAUGHAN
Juan Jiménez
Redactor Jefe
Redactor jefe de AS. Fue colaborador en AS (2000-04) y, después de pasar por Málaga Hoy, regresó como jefe de Sección en Málaga. Delegado de Andalucía entre 2009 y 2012, colaboró en la integración digital-papel de AS en Madrid. Cubre la información del Barça y la Selección de baloncesto. Tres Juegos Olímpicos. Colaborador de SER, Canal Sur y Gol.
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Para Raphinha no existían límites la temporada pasada. No había imposibles para él. Cuando un balón parecía inalcanzable, él llegaba. Cuando un disparo parecía inverosímil, él lo convertía en gol. Cuando le iban a dar un pelotazo, ponía la cabeza y salía directa a gol, como contra el Benfica en Lisboa. Y si Lamine o Lewandowski corrían hacia al segundo palo, tiraba de informática y metía un pase milimétrico con la velocidad precisa. 34 goles y 26 asistencias (15-4 este curso) no se hacen todas las temporadas. En ocasiones, no se hace nunca más. Del curso pasado, Raphinha sólo se pudo reprochar que el gol de Milán, que hubiera terminado de hacerle leyenda, no sirviese finalmente para llegar a Múnich. Resultó absolutamente vergonzante no verlo en el once ideal FIFPro del año. La terminología fue utilizada por su entrenador, Hansi Flick.

No puede decirse que Raphinha no quiera. Su presencia siempre le da cosas al Barça. Tiene liderazgo, compromiso y jerarquía. También humildad para entregarle en Newcastle el balón del penalti decisivo a Lamine, aunque había sido quien mejor los había lanzado esta temporada. O para colocarse de lateral mientras Araújo volvía a la defensa pese a no poder evitar el gol de Barnes. Sin embargo, este curso le falta la décima para tocar el balón antes de la defensa en las carreras. La sensibilidad para poner el balón en el pie del compañero o en el rincón de la portería rival. En definitiva, esa aura que transmitió la temporada pasada y que le hacía parecer un superhéroe.

Raphinha, que se ha perdido 13 partidos esta temporada por lesión y no ha jugado otros dos por precaución, sólo ha tenido un mes de plenitud. Desde inicios de diciembre hasta la Supercopa, fue el jugador demoledor del curso anterior. Marcó contra el Atlético (3-1), hizo doblete contra Osasuna y también mojó en el partido previo al parón de Navidad. Fue en Villarreal (0-2). Su gran momento fue la Supercopa. Dos goles en la semifinal contra el Athletic y dos en la final contra el Madrid: MVP del torneo, el reconocimiento individual que se le negó en la clasificación del Balón de Oro la temporada pasada. Pero la luz de invierno se apagó pronto. A Raphinha le volvieron a castigar los problemas físicos que le han acompañado desde principios de temporada, y que han generado tensiones entre el staff técnico y los cuerpos médico y físico del club. “No estoy contento con la lesión de Raphinha; algo tenemos que cambiar”, dijo Flick a principio de febrero.

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Para el alemán, Raphinha es algo más que un jugador. Un confidente y el futbolista que mejor ha expresado en el césped el cambio de mentalidad de un equipo que había aprendido a caer y que volvió a ser ganador. O, al menos, a resistir como en Newcastle. La conexión entre el alemán y el extremo es especial. El Barça, sin embargo, necesita más de ‘Rafa’. Un punto de chispa más que le devuelva a una versión cercana a la del curso pasado.

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