Quique Sánchez y el ‘Gen Flores’
El entrenador del Alavés pertenece a una de las sagas artísticas más queridas y admiradas de todo el panorama español


“Currantes”. Así define Quique Sánchez Flores (Madrid, 61 años) a su familia. Ya sea por parte paterna como la materna, seguramente la más conocida tanto a nivel social como cultural en el país de la piel de toro. El técnico se presenta en el estadio Santiago Bernabéu con el Alavés, tras haber dirigido al Getafe (en tres etapas), Valencia, Atlético de Madrid, Espanyol, Sevilla y ahora al equipo babazorro en la Liga española, intercaladas con otras experiencias en clubes de Portugal (Benfica), Inglaterra (Watford, en dos etapas ) o en Asia: dirigió al Al Ain y al Al Ahli, en Oriente Medio, y al Shanghái Shenshua.
El madrileño pertenece a una de las familias más mediáticas de nuestro país como son los Flores, aunque siempre lo ha mantenido en la máxima discreción con el objetivo de preservar su faceta futbolística. Es hijo de Isidro Sánchez, exfutbolista del Betis y Real Madrid, y de la artista Carmen Flores. Por lo tanto, sobrino de Lola Flores, La Faraona, y primo de sus tres hijos, Antonio, Lolita y Rosario Flores. Asimismo es tío segundo de las actrices Alba Flores (hija de Antonio) y Elena Furiase. También de Guillermo Furiase, hermano de Elena, músico y también actor: ha participado en la película que recrea el nacimiento de la banda musical Mägo de Oz. Por parte de Rosario, lo es de sus dos hijos: Lola Orellana, relacionada con el mundo del cine y de la televisión (ha trabajado en grandes producciones como Juego de Tronos) y de Pedro Antonio Lazaga, dedicado a la música.
Quique es hijo de Isidro Sánchez, un medio rápido y con desborde que acabó siendo lateral derecho en el Real Madrid desde 1961 hasta 1965, participando en 103 partidos oficiales con la elástica blanca. Marcó un único gol como madridista: lo logró ante el BK 1913 danés en una goleada blanca (9-0) en la Copa de Europa. Pero esos 103 partidos le sirvieron para conquistar cuatro Ligas y una Copa. Tras retirarse y separarse de su mujer acabó dedicándose a la hostelería. Él también vistió de blanco, y también fue lateral derecho: desde 1994 hasta 1996, con un total de 81 encuentros y dos goles. Ganó una Liga.
Su madre es Carmen Flores, hermana de Lola Flores. A ambas se las puede considerar las primeras WAG’s españolas: a comienzos de la década de los años 50, su tía, Lola Flores, ya conocida internacionalmente, fue portada de las revistas de la época al tener un cierto romance con Biosca, un defensa central del Barcelona... hasta que conoció a Coque, un apuesto interior que fichó el Atlético de Madrid procedente del Valladolid. Tenía presencia y se le aventuraba un gran futuro. Pero las noches de Madrid acabaron con ese futuro. Incluso se fugaron a América y Lola Flores tuvo que pagar 50.000 pesetas de la época a los rojiblancos para que quitasen una denuncia y le pagaba así la ficha que tenía con el equipo rojiblanco. Todo acabó cuando La Faraona conoció a Antonio González Batista, popularmente conocido como El Pescaílla.

Su madre, Carmen, por su parte, conoció a Isidro y se casaron al poco de conocerse. Éste procedía de familia militar. Jugador del Betis, fichó por el Madrid de una manera muy llamativa: aprovechando una lesión y operación en el tobillo, decidió dejar el fútbol y hacerse agente teatral para llevar los negocios de su cuñada, Lola Flores, que le pagaba la friolera de ¡¡1.800 pesetas diarias!!
Aún así volvió al mundo del fútbol, pero sintiéndose engañado por el Betis, se despidió del club verdiblanco. Siendo ya agente teatral, su amigo Luis del Sol, que jugaba en el Madrid, le convenció para volver. Muñoz Lusarreta, dueño del Teatro Calderón y directivo del Madrid, le hizo una oferta y de esa manera recaló en el Madrid. Allí se hizo íntimo amigo de Di Stéfano, hasta tal punto que Alfredo fue el padrino de bautizo de Quique, y su mujer, Sara, fue madrina del hermano mayor, llamado también Isidro, como su padre.

Años después, y en una entrevista al Daily Mail, el propio Quique explicaba su relación: “Para mí es como un segundo padre. Tengo la suerte de haber compartido con él muchas cosas. La relación de Sara, su esposa, y mi madre era increíble. Ayudaron mucho a mi familia en una situación difícil. Después, Alfredo fue mi entrenador en el Valencia. Yo estaba muy asustado porque le respetaba mucho. Mi padre, que jugó cinco años con él en el Real Madrid, me decía que era el mejor jugador que había visto en su vida”.
Noticias relacionadas
Nunca ha renegado de su familia, pero siempre desde un discreto segundo plano. Eso sí, siempre ha llevado el ‘gen Flores’ allá por donde ha ido: “El ADN Flores es un ADN currante. Gente muy profesional que tiene miedo al fracaso. Ese temor nos hace ser persistentes y trabajar aún más”. Ahora se presenta en el Bernabéu en un momento delicado para el Alavés, aunque la dinámica del equipo babazorro invite a pensar en un desenlace positivo. Y para eso tiene a un entrenador “currante”. Como el resto de su familia.
¡Lleva el deporte contigo! Descarga la App de AS para recibir alertas al instante y configura en MiZona qué quieres leer, sigue a tus equipos y consulta sus partidos. Descárgala aquí. ¿Además buscas licenciar contenido? Haz clic aquí






Rellene su nombre y apellidos para comentar