Atlético

Esperanza con Griezmann

Cuatro días después, el francés sigue sin pronunciarse sobre su futuro pero las declaraciones del Cholo y sus compañeros han perdido la negrura, parece cerca de quedarse.

Griezmann, en el Atlético-Real Sociedad de Copa.
Patricia Cazón
Redactora
Patricia Cazón Trapote nació en Zotes del Páramo, León, en 1980. Licenciada en Periodismo por la Universidad Pontificia de Salamanca y Master de El País trabajó en El Diario de León y El País Semanal antes de llegar a AS en 2004. Cronista del Atlético desde 2016, es autora de cuatro libros y tertuliana en El Golazo de Gol y Estudio Estadio.
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Cuatro días después, el azul-oscuro-casi-negro comienza a aclararse. Y pintarse de rosa, como su pelo a veces. El de un Antoine Griezmann que cuatro días después de esa vuelta de semifinales del Camp Nou parece más cerca de quedarse en el Atleti. Y no porque él mismo se haya pronunciado. Sigue sin hacerlo. Pero sí han hablado quienes le rodean, compañeros, entrenador y, si el martes en Barcelona todas las declaraciones dejaban dudas, envueltas en “ojalá”, “a ver”, “es su decisión”, ahora las disipan. Simeone ha pasado del “ojalá que sí (juegue la final de Copa). Se la merece más que nadie, lo que corrió fue increíble, la calidad y talento lo va a seguir manteniendo toda la vida. Qué más puedo agregar de todo lo que saben que siento por él. Le quiero, quiero lo mejor siempre para él y ojalá pueda jugar esa final” al “lo más importante, cuando él pueda hablar y decir lo que siente y quiere, la gente va a estar contenta” de ayer tras el Atlético-Real Sociedad. A buen entendedor...

Mateu Alemany, director de Fútbol Profesional Masculino rojiblanco, era más explícito: “Tiene contrato y va a seguir. Se ha hecho un círculo y volvemos al principio. Está con nosotros y va a seguir con nosotros”. “Ojalá nos siga regalando lo que él quiera”, aducía después el Cholo, después de que el francés fuera decisivo otra tarde más, con otra delicatessen. Porque el primer gol de los dos que marcó Nico González nació de una pared con el francés que le devolvió la pelota con su sublime taconazo. Está con la flecha para arriba como suele señalarse en lenguaje coloquial cuando quiere decirse que algo va para arriba, en progreso, superación. Y es que Griezmann aprendió de lo que le había ocurrido en las últimas temporadas y esta lo ha hecho justo al revés.

La palabra es dosificarse. Es física, es cuerpo. La temporada pasada marcó 16 goles antes de marzo y solo uno después, y en junio, en el Mundial de Clubes. La temporada pasada fue decisivo antes pero no después cuando después es ahora, en el momento en el que se juegan los títulos. Es por ello que la 25-26, quizá consciente de que era su última como rojiblanco aunque el verano pasado ampliara su vínculo un año más, hasta 2027, aunque quizá solo era para aligerar cantidades, la comenzó en modo gasoil, de menos a más. De hecho esta era la temporada que, como Koke, parecía que asentaría el que su rol fuera otro. El del banquillo, menos minutos y peso. Ja. El fútbol, como la vida, siempre tiene otros planes.

Fuente inagotable de talento

En la temporada le costó arrancar tanto en los goles como en su influencia en los partidos. Marcó ante el Eintracht en Champions en septiembre pero hasta noviembre no comenzó a arrancar de verdad con el gol que le hizo al Sevilla y los del Levante. Los mejores partidos del Atlético han venido de la mano del mejor Griezmann. Un Griezmann sumado a la creación. La goleada en Copa ante el Betis, la ida de las semifinales ante el Barcelona, un recital de fútbol y talento ante el que es imposible no emocionarse. Porque Griezmann lo hace. Emocionar con su fútbol y volcar los partidos a favor del Atlético. Toca el balón con una seguridad como pocos. Una fuente de clase inagotable y cristalina a la que le ha sumado lo que hoy su edad le da: experiencia. Porque el Griezmann de 2026 no tiene el físico del de 2016 pero, como decía Witsel, “la velocidad que importa en el fútbol está en la cabeza”. Y Griezmann es uno de los futbolistas más inteligentes que jamás pisaron un campo de fútbol. De ahí su pie, su pausa, su manera de moverse, de encontrar siempre el movimiento perfecto para hacer clic en el partido.

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Como clic parece haber hecho su cabeza. Orlando puede esperar hasta el final de temporada. Aunque informaciones desde Estados Unidos indiquen que, al no marcharse ahora, su destino podría ser otro, pero Griezmann tiene mercado allí. Y amplio. El Inter de Miami también le abre la puerta y este es un club que está dispuesto a hacerlo en junio, cuando la temporada de clubes en Europa haya acabado. Y haya puesto fin a su historia con el Atleti como debe. No marchándose por la puerta de atrás otra vez. Y a mitad de temporada. De las dudas se ha pasado a la esperanza.

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