El extraño caso de Endrick
Pese a marcar cada 135′, sólo ha jugado el 11% de los minutos desde que llegó. En su primer año estuvo 196 días sin jugar más de 20′, salvo en Copa. Ahora, llevaba 99′ tras 20 partidos

Endrick fue presentado en el Bernabéu, ante 45.000 personas. Conviene recordar este hecho, porque ubica la dimensión del fichaje. A pocos, muy pocos se les ha abierto las puertas del estadio para su bienvenida. Aquel verano sucedió con Mbappé... y él. El niño de 18 años que había movido 60M€ (35 en fijos y 25 en variables). El potencial delantero de Brasil. Un diamante que rompió a llorar en el estadio: “De niño soñaba con jugar en el Real Madrid... y lo voy a hacer”. Pero ahí, justo ahí, todo empezó a torcerse. El globo, a desinflarse. Todo, a ser misterioso. Año y medio después, está en Lyon. Un paréntesis en su carrera. Una solución de emergencia... en el extraño caso de Endrick.
He aquí la radiografía de un inexplicable. Desde su llegada, Endrick sólo ha jugado el 11% de los minutos. Han sido diez competiciones (siete en su primer curso y tres, en este). Ha sido muy poco: 946 de los 8.490′. Y eso que su rendimiento contradice esta situación: ostenta un promedio de un gol cada 135′. Un dato que mejora, si se añaden las asistencias. Y eso que sólo dio una: participa en una diana cada 118′. Pero al tener tan pocos minutos en su mochila, toda aportación varía notablemente la estadística. Es lo que tiene Bobby; ha dado mucho, en muy poco.

Análisis de un ostracismo
Pero es una realidad que algo ha sucedido, algo tiene −o carece−, que no entró ni por los ojos de Ancelotti, ni por los de Xabi Alonso. Por partes. Primera temporada: Endrick llega con 18 años y el 16 a la espalda. Con ese hambre arrollador de comerse el mundo. De hecho, una de las principales críticas era un exceso de desbocamiento; una energía descontrolada que le hacía pasarse de frenada en presiones o choques. Pero que bien canalizada, era dinamita de gol. Había TNT, pero no hubo explosión.

Con Ancelotti... el 13%
En su primera temporada, Endrick jugó el 13% de los minutos posibles (847 de los 6.240′). De ellos, el 43% fueron en Copa (360′) y el 16%, en las tres últimas jornadas (sin nada en juego). Dicho de otro modo: sólo el 41% de sus minutos fueron entre Champions... y partidos de Liga, con enjundia. El bisturí va más allá: estuvo 196 días sin jugar más de 20′ en un mismo partido, sin contar las apariciones en Copa. Desde el 2 de octubre (Lille), hasta el 16 de abril (la vuelta contra el Arsenal). Casi toda la temporada. Y eso que durante ese tiempo transcurrieron 37 partidos... y marcó cinco goles. Cinco argumentos que cayeron en saco roto.
El dato genérico es engañoso: Endrick jugó 37 partidos. Es engañoso, porque va con letra pequeña: sólo en 12 jugó más de 20′ (y cuatro de ellos fueron en Copa). Fue un jugador no secundario, sino terciario con Ancelotti. Sin apenas oportunidades. Y sin embargo, en los flashes que tuvo, dejó destellos: terminó la temporada con un promedio de 121′. Un dato espectacular; digno de killer. Marcó siete goles y, en total, participó en una diana cada 106′. Este es el panorama que se encontró Xabi Alonso.
Y con Xabi... el 4,5%
Y el que tampoco debió convencerle. Porque el listón estaba bajo, pero ha ido a menos. Esta temporada sólo ha jugado el 4,5% de los minutos (99 de los 2.250′). Si bien es cierto que empezó la temporada lesionado (sufrió una recaída de una rotura en el tendón conjunto de los isquiotibiales de la pierna derecha), sólo se perdió los cinco primeros partidos, por este motivo. Ha estado disponible en los 20 encuentros restantes. Y a la vez, ha estado ausente.
En 15 de los 20 partidos en los que ha estado disponible, se ha quedado los 90′ en el banquillo. Ni titular, ni participar en la segunda parte. Agua absoluta. En dos, ha estado sancionado (por su roja contra el Celta), así que la cuenta es sencilla: sólo ha participado en tres partidos. Dos como suplente y uno, como titular (Talavera). Jugó 11′ contra el Valencia, otros 11′ contra el Manchester City y 77′, en Copa. El total es el que es: 99′ en toda la temporada. El 4,5% del total. Un insostenible.

No es querer, sino deber
Endrick ha apurado sus opciones en el Real Madrid al máximo. Tuvo opciones de salir en verano −su marcha a la Real Sociedad llegó a estar más que candente−, pero terminó quedándose. Creyendo en que a poco que le dieran minutos, demostraría que merece más. Pero apenas los ha tenido. Fueron semanas de darle muchas vueltas al futuro, al asunto. Delicadas. Y al final, se optó por tomar una decisión: una cesión hasta junio. Al Lyon, donde será titular.
En su contrato, de hecho, figura una obligación de jugar al menos 25 partidos −de incumplirse, se debería abonar una sanción al Real Madrid−. No hay subidas de sueldo, ni similares. Sólo una maleta y una voluntad de jugar. De tener regularidad. Porque Endrick quiere ir al Mundial este verano. Y con la situación en Chamartín, era una utopía. El futbolista que fue presentado en el Bernabéu, ante 45.000 personas, sólo llevaba el 11% de los minutos totales. Y esta temporada, el 4,5%. La situación ya era irrefutable. Salir no era querer, sino deber. La consecuencia del extraño caso de Endrick.
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