Real Madrid

‘Cassanolandia’ cumple 20 años

Su histórico agente -Beppe Bozzo- desvela al diario AS los entresijos más curiosos y excéntricos sobre su presentación junto a Emilio Butragueño.

Emilio Butragueño le entregó al italiano Antonio Cassano la camiseta que luciría en el Real Madrid el día de su presentación.
| REUTERS
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Han pasado dos décadas desde la presentación de ‘FantAntonio’ en Chamartín, junto a Emilio Butragueño. Veinte años después sigue dando que hablar ese controvertido y excesivo momento, que incluso trató de frenar -sin suerte- la mismísima Raffaella Carrà.

“La historia es única e irrepetible”. Corría el año 1993 cuando en Italia sonaba una canción de Mina titulada Se telefonando. Terminaba así: “No sé cómo explicarte que nuestro amor, recién nacido, ya ha terminado”. Hay algo de ese universo metafísico en la estancia española de Antonio Cassano (Bari, 1982). Se movió entre sexo, croissants y chispazos de fútbol, ya que en año y medio apenas anotó tres goles (uno decisivo para la Liga contra el Atlético en el Bernabéu), sumados a una maravillosa asistencia al Pipa Higuaín en el viejo Calderón. A renglón seguido, junto al periodista Pier Luigi Pardo, se puso a escribir todo esto en su autobiografía: Dico tutto (Rizzoli), publicada en 2008, meses después de ponerle fin a la trayectoria exprés en el Real Madrid, donde ganó el agónico campeonato de un Capello que incluso le apartó varios meses del equipo tras llegar a las manos en varios enganchones.

Antonio Cassano, aunque nació muchas veces, siempre ha tenido dificultad para crecer y madurar. No paró nunca de anhelar a ese niño curtido en una callejuela del casco viejo de Bari, la escuadra con la que debutó en Serie A con tan solo 17 años. Era el 18 de diciembre de 1999 cuando, en su segundo partido de la categoría (el primero como titular), le partió la cintura a Blanc y Panucci para dar la victoria a los suyos contra el todopoderoso Inter, abigarrado y taciturno en el San Nicola. Eso le abrió paso para juguetear con Totti en la Roma, donde su funeral deportivo prácticamente coincidió el día del bautizo. Entonces apareció el Madrid, una nueva oportunidad para un futbolista genial y fallido, incapaz de sostener las expectativas, de predicar disciplina y responsabilidad para ser estrella. Solo sabía ser él, y eso era pesado como un menhir.

A pesar de esto, Cassano nunca fue El Rey desnudo, ese emperador vanidoso a quienes sus sastres le colocaron un traje invisible para los tontos, revelado a la postre por un niño. No. Más bien fue él quien se encargó de subrayar la mirada distorsionada de esos atrevidos que intentaron moldearle, manipularle futbolísticamente, convertirle en algo imposible. Antonio era, fue una utopía; nunca una realidad. Un socavón bello, una carta perfectamente escrita sin enviar y una mentira vestida de terciopelo. Ese estatus, sí, lo elevó a la categoría de arte. El verbo sin conjugar hecho carne. Era más de cortarse orejas que de pintar girasoles. En el fondo, por cruel que parezca, sus sonrisas eran el grito de Munch.

‘Cassanolandia’ cumple 20 años
Cassano, celebrando un gol con el Madrid.HELIOS DE LA RUBIA

“Los primeros contactos con el Real Madrid fueron en noviembre de 2004. Ese verano hizo una gran Eurocopa (con la Italia de Trapattoni), pero no se materializó porque la Roma pedía mucho dinero. Fue justo un año después cuando comenzó a cerrarse el traspaso. Antonio acababa contrato en 2006, y no había acuerdo de renovación. Quería dejar el club giallorosso. Le buscaba el Inter, la Juve o incluso el Milán. Ofreciéndoles todos buenos contratos. Habría llegado gratis. Él, sin embargo, prefirió el Madrid, aunque así perdía algo de dinero. Era el mejor club del mundo. Fue sencillo apañar el acuerdo. Hace justo veinte años ya”, relata por teléfono el abogado Beppe Bozzo, su histórico representante, hoy fundador de AGB Sport Management, una empresa de marketing e intermediación. La mano derecha entonces del talento baresino, quien ya había discutido con Luciano Spalletti (otrora técnico de la Roma) y quería jugar el Mundial con Marcello Lippi. No se quedó ni en la orilla.

La realidad, efectivamente, no fue la esperada, y en esa amalgama de delanteros que dieron el cetro a la Azzurra (Toni, Gilardino, Inzaghi e Iaquinta) no había sitio para él. Su frágil verso chirriaba entre las sucintas cadenas. Todo demasiado serio, equilibrado y aplicado para el genio más inacabado y chato que se recuerda. Al menos en la esbelta Italia, cuyas mazmorras y arenas movedizas también han sabido parir al clásico fantasista: Totti, Baggio, Rivera, Del Piero… Pintores todos, sí.

Raffaella y Luca Toni

El fichaje, en sus intestinos, no fue sencillo. “Se fraguó gracias a Ernesto Bronzetti, el número como intermediario-príncipe en fichajes Italia-España. El gran embajador. Me llamó varias veces, y propuso varias reuniones con el presidente Florentino y José Ángel Sánchez. Había otras figuras, como Carlos Martínez de Albornoz y algunos más”, recuerda el abogado al Diario AS, no sin antes remarcar una anécdota interesante, casi tanto o más que el famoso abrigo de piel durante su presentación, el 4 de enero de 2006. “Una vez nos vimos en las oficinas de Pérez, en la Torre. Otras, en el hotel Eurobuilding. Estaba enamorado de Cassano, porque le encantaban los futbolistas de talento, aunque estaba algo preocupado por el carácter volcánico. Le dije que, si tenía dudas, pues que no lo fichara… Tanto, ya había muchos equipos que lo querían en Italia. No había que forzar nada. Cero obligaciones”, subraya telefónicamente.

Al final, acabó imponiéndose el gusto exquisito, el hedonismo futbolístico de Florentino Pérez, ya en su segundo mandato. El técnico era López Caro, quien no podía contar -por lesión- con Raúl y un Ronaldo que ya miraba al cadalso. Cassano llegaba para acompañar a Beckham, Robinho, Roberto Carlos, Van Nistelrooy, Zidane y compañía. El objetivo era neutralizar el emergente Barça de Rijkaard, con Ronaldinho, Xavi, Iniesta, Deco y Eto’o a la cabeza. Entonces surgió la magia en ese hotel que rasca el cielo de Madrid. “Aparece improvisamente Raffaella Carrà, que vivía allí por temas laborales. Estábamos en el bar tomando café. Se dirigió al presidente a gritos tratando de impedir el fichaje. ¡Cassano está loco! ¡Compre a Toni!”.

‘Cassanolandia’ cumple 20 años
Cassano hablando con Capello.JUAN NAVARRO

Hay una risa distendida y pícara en las palabras de Bozzo, incluso aunque hayan pasado veinte años de esa anécdota que terminó por acelerar el viaje de Talentino a Madrid. Llegó por algo más de cinco millones de euros. “Las ganas de ficharlo eran demasiado grandes. Les gustaba demasiado. Todos ganaban. Era un negocio redondo. Además, había muchos clubes detrás, y ellos tenían una urgencia”. La obra de arte estaba terminada; sólo había que ver de qué calado, y si pasaría a la historia. Cómo y con qué renglones.

El abrigo de piel

El final es el principio de todo. El ciclotímico atacante llegó a un vestuario lleno de estrellas planetarias, y no tardó en sembrar, de forma alternada, bombas con rosas. Por suerte, en lo único que brilló por su constancia -Cassano- fue en la autoironía. Tan italiana, pero sobre todo tan sureña. Sí, Roma, Nápoles, Bari, y poco más. Un salvoconducto para la supervivencia. La coraza al miedo y la inseguridad. Siempre. Eternamente. Como decía el actor romano Alberto Sordi: “cuando se bromea hay que ser muy serio”.

Lo dicho. Antonio lo fue, en todos los sentidos. Con Florentino Pérez de viaje fuera y Di Stéfano enfermo, la presentación corrió a cargo de Emilio Butragueño, quien ya le había advertido el día anterior en el aeropuerto Madrid-Barajas que se vistiera de forma elegante y discreta. Lejos de la realidad, se presentó con una cazadora macarra de piel, dos relojes, cuatro anillos, tres collares, dos pulseras y dos pendientes. También, como dijo Totti hace años en la entrevista con Libero, “diez kilos de más como mínimo. Era un personaje”.

“Yo no me preocupé por su indumentaria. Durante la presentación, estaba en las oficinas del club terminando de perfilar el contrato. De todas formas, también te digo que él nunca escuchó a nadie, ni siquiera a Butragueño. Ya lo podía haber dicho yo que se pusiera un traje, que no… Si tenía en mente esa chaqueta, se la iba a poner sí o sí. Antonio no es alguien a quien gestionar. Eso es para los restaurantes o las empresas. Una pastelería, un bar… Él es una persona, y como mucho la puedes aconsejar. Nada más. Te digo una cosa: Ha ganado él, porque de todas las presentaciones del Madrid la más recordada es la suya. Ha pasado a la historia de las presentaciones”, sentencia con algo de sorna.

Ha pasado mucho tiempo, aunque casi nada ha cambiado. Florentino sigue presidiendo el club, y Cassano figura como ese niño grande y rebelde que, quizás, no habría querido salir de su Bari natal. Desde entonces, con pavor, arrogancia, magia e inseguridades, se limitó a huir de su personaje para terminar siendo engullido por él mismo, apocopado. O no, quizás engañó a todos, convirtiéndoles en ignorantes. “Hoy es feliz, y es lo más importante. Sí, llegó pasado de peso a Madrid… Luego lo del libro y los croissants, Capello y un periplo madridista que no aprovechó como se debía… El primero que lo sabe es él, y lo siente verdaderamente. Yo también, pero es correcto así. La historia -irrepetible también- es ésta”.

‘Cassanolandia’ cumple 20 años
Cassano, tirado en el banquillo vestido de paisano y escuchando música.JESUS AGUILERA

Una cosa es cierta. Cada vez que se cruza el abogado italiano con José Ángel Sánchez, éste le reconoce “lo fantástico que era. Uno de los futbolistas más técnicos que tuvo el Madrid”. Tras un año y medio se marchó. El mandamás ya era Ramón Calderón. En una de sus últimas y pocas entrevistas concedidas -a la Gazzetta dello Sport- Cassano dijo no saber nada de la prodigiosa chaqueta, hoy moda vintage. “Me la robaron. No sé cuándo ni dónde”.

A distancia de veinte años, es probable que a Florentino Pérez le habría ido mejor -en cuanto a rédito de goles- con el bombardero Luca Toni, pero es probable que hoy no estemos aquí hablando de todo y nada. De un mundo imaginario, lo que pudo ser y no fue, de un abrigo de piel, sexo, bollos, cassanats y la eterna Carrà. De literatura y Mina.

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Siempre hermética y misteriosa hoy. Como el amor que muere antes de nacer. Una experiencia catártica que sólo viven los elegidos, gente especial y privilegiada. Como Antonio en Cassanolandia.

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