Cubillas: “Es un momento complicado, llevamos tres meses sin cobrar”
La plantilla denuncia meses sin cobrar y una situación límite, mientras el equipo pelea por la permanencia.

En Tarazona el fútbol se vive más allá del césped. Forma parte del día a día de una ciudad que siente el equipo como algo propio. En un municipio de apenas 10.800 habitantes, con un campo que reúne a unas 1.500 personas cada fin de semana, la Sociedad Deportiva Tarazona compite en Primera RFEF mientras atraviesa una situación delicada.
“A día de hoy, se nos adeudan salarios correspondientes a distintos meses de la presente temporada”, denunciaron los futbolistas y el cuerpo técnico en un comunicado difundido a través de la AFE. Una situación que, reconocen, “se viene prolongando en el tiempo sin que exista una solución clara” y que ya ha ido más allá del fútbol: “Algunos integrantes de la plantilla están atravesando serias dificultades económicas, llegando incluso a sufrir situaciones de auténtica penuria para poder afrontar gastos básicos como vivienda o alimentación”.
En medio de todo, su capitán, David Cubillas, explica en AS cómo se vive desde dentro el día a día de un club diferente.
P. La plantilla ha hecho público un comunicado por los impagos. ¿Cómo está el vestuario ahora mismo?
R. Es un momento complicado. Es verdad que llevamos tres meses sin cobrar y no tenemos ninguna solución clara ahora mismo. Sabemos que Aniceto, el presidente del club, es el que más está trabajando para arreglarlo, pero un club como este, con tan poca infraestructura, dependiente de subvenciones de ayuntamientos y diputaciones, cuando esas subvenciones no llegan en el momento que tienen que llegar, es complicado. Nosotros, cuando salgamos al campo, intentaremos dejarnos todo igual, porque es nuestra profesión. Hay que dignificar la profesión de futbolista, aunque sí que es verdad que es un momento complicado, no te voy a mentir.
P. ¿Cómo se entrena y se compite en una situación así?
R. Está claro que los pagos siguen llegando: alquileres, comida, préstamos de coche… y tú llevas tres meses sin cobrar. Entonces intentamos abstraernos entre nosotros, ser una familia y ayudarnos en todo lo que podemos. Cuando a alguien le precisa algo, entre todo el vestuario, el cuerpo técnico y también la directiva intentamos ayudar. No era un comunicado en contra de la directiva, era para dar visibilidad a lo que estamos pasando, porque es complicado. Sabemos que Aniceto, Mitchell y Candela están trabajando a muerte para que la situación se solucione, pero es un momento complicado. Cuando salimos al campo son esas dos horas de distracción, de no pensar en nada más y de competir.
P. A pesar de todo, el equipo sigue compitiendo. ¿Cómo se explica?
R. Estamos donde tenemos que estar. Una ciudad como Tarazona tiene que estar en Primera RFEF para competir por la salvación y nosotros estamos ahí, con los mismos puntos que el que marca esa permanencia. En eso estamos, en pelear todo lo que podamos e intentar dejar otra vez a Tarazona en Primera Federación, porque llevamos tres años que son históricos para esta ciudad. Las infraestructuras, el club, todo está creciendo conforme pasan los años, pero la categoría es muy exigente y jugamos contra equipos como el Real Murcia, el Nàstic de Tarragona, el Tenerife o la Ponferradina, que son auténticos transatlánticos comparados con nosotros. Pero este pequeñito rincón va a seguir peleando y poniendo las cosas difíciles, y estoy seguro de que en estos partidos que quedan, con la fuerza del Municipal y de la gente, vamos a intentar sacar los puntos que nos faltan para conseguir la salvación otro año.
P. Para quien no conozca el Tarazona, ¿cómo le explicarías qué tipo de club es?
R. Pues la verdad es que es un club muy familiar. Un club donde trabaja gente de aquí del pueblo, sin ningún beneficio, como aquel que dice. La directiva es el presidente Aniceto, el director deportivo, la gente que trabaja en el bar, Candela en las oficinas… y poca gente más. Todo lo hacen por amor al escudo de su ciudad, al escudo de Tarazona, sin beneficio casi ninguno. Y eso es algo muy extraño hoy en día en el fútbol. Yo vengo de clubes grandes y el cambio que experimenté cuando llegué aquí fue brutal. Es un campo municipal, del ayuntamiento, donde viene poquita gente porque es pequeño, pero son 1.500 o 2.000 personas y están siempre. Y claro, es complicado competir con esos transatlánticos que vienen a jugar aquí.
P. Se habla mucho de la cercanía del club y del entorno. ¿Cómo es el día a día en Tarazona como jugador?
R. Somos todos vecinos del pueblo. La ciudad tiene 10.000 u 11.000 habitantes y es todo muy cercano. El que viene a verte al campo es el que tiene la panadería, el que tiene el bar… bajas por la tarde a tomar un café y te lo encuentras, te saludan, te dan ánimos. Te hacen sentir que estás en un club seguido, aunque no tenga la repercusión de otros sitios. Pero toda la gente del pueblo está volcada con el club, nos ayuda en lo que puede y cada vez que nos ve por la calle nos transmite su apoyo. Yo llevo aquí tres años y estoy encantado. He descubierto un rinconcito en Aragón y estoy muy orgulloso de pertenecer a esta familia.
P. ¿Se siente el apoyo del pueblo en un momento así?
R. Muchísimo, muchísimo. No solo los que vienen a vernos son los de la panadería, el del bar o el de la carnicería, es que también son nuestros caseros. Siempre nos han dado facilidades, siempre nos han ayudado y nos han dado esos márgenes para que estuviéramos más tranquilos, y eso se nota. Se nota también esa tranquilidad desde fuera y, a partir de ahí, el jugador está un poco más tranquilo dentro de la mala situación. Ese apoyo de la gente, cuando vas a tomar un café o cuando necesitas algo, está ahí.
P. En Tarazona se dice que el día de partido es una fiesta.
R. Sí, es un sentimiento muy bonito. Es un campo pequeñito, municipal, muy coqueto, con los asientos de colores, y es el acontecimiento del pueblo, de la ciudad. Cuando hay partido la ciudad se moviliza, la gente te para por la calle y te dice “el sábado estamos ahí”. Luego en el campo hay una chapa de metal y cada vez que hay un córner suena como si se fuera a caer, y eso también le da ese ambiente. No son 10.000 o 12.000 personas como en otros sitios, pero esos 1.500 o 2.000 que vienen cada sábado son especiales y muy importantes para nosotros.
P. El Municipal se convirtió en un fortín durante mucho tiempo, con una racha en casa muy difícil de frenar. ¿Por qué?
R. Hemos estado un año entero sin perder en casa. Los rivales vienen sabiendo que van a sufrir. Es un campo pequeño, nos hemos hecho a él y sacamos ventaja. Estoy convencido de que va a ser clave hasta final de temporada.
P. El año pasado pasas por una lesión muy dura. ¿Qué papel tuvo el club en ese momento?
R. Me rompí la tibia y el peroné y lo primero que hizo el club fue ofrecerme la renovación. Y no es fácil, a un jugador de 35 o 36 años, con una lesión grave, decirle al día siguiente que no se preocupe, que si quiere seguir jugando, van a estar ahí. Eso te da una idea de lo que somos, de la familia que somos. En el momento más complicado de mi carrera estuvieron ahí ofreciéndome mucho sin yo dar nada a cambio. Es un gesto que voy a valorar toda la vida.
P. ¿Y qué te llevó a continuar?
R. Me dieron muchas ganas de seguir, pero también el no irme en una camilla. Me daba pena acabar así, sin haberlo intentado. Intenté volver, no estoy igual que antes, pero me permite competir. Fue un cúmulo de cosas: estar a gusto aquí, querer un año más y no terminar mi carrera por una lesión.
P. Después de todo ese proceso, ¿qué te ha cambiado?
R. Me ha cambiado bastante. Después de estar momentos en los que no me podía poner ni un calcetín, ahora el hecho de entrenar cada día, de pisar césped, lo valoro mucho más. Y sabes que hay gente que lo está pasando mal, entonces valoras que eres un afortunado por poder hacer lo que te gusta.
P. Si tuvieras que definir al Tarazona en una frase, ¿cuál sería?
R. Es un valor de ciudad, de orgullo del club. Somos una ciudad pequeña, pero a orgullo, humildad y competir no nos gana nadie.
P. ¿Por qué este equipo sigue en pie a pesar de todo?
R. Por la gente que trabaja detrás sin interés y por los jugadores y cuerpos técnicos que se han remangado y han dicho: aquí hay que trabajar. Hemos encontrado una balanza entre buena gente, saber competir y gente que trabaja desinteresadamente.
En Tarazona, donde el fútbol se mezcla con la vida diaria, el equipo sigue adelante pese a todo. Entre dificultades, incertidumbre y meses sin cobrar, el vestuario se sostiene en algo que va más allá del deporte: la gente, el pueblo y una forma de entender el club que no se negocia. Porque mientras todo aprieta fuera, el Tarazona sigue compitiendo.
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